¡B I E N V E N I D O S!. . . . . M U C H A S__G R A C I A S__P O R__E N R I Q U E C E R__M I S__T E X T O S__C O N__V U E S T R O S__C O M E N T A R I O S.

enero 02, 2016

# Relato para reflexionar

La realidad del momento



El verano transcurría tranquilo y relajado, las olas del mar también lo acompañaban en aquella tarde donde el sol rezumaba fulgores de transparencia cristalina remando a la orilla, ecos rebotando en la arena de barcos perdidos en altamar, murmullos de gaviotas traviesas en vuelos circulares recorriendo una y otra vez el mismo cielo. En medio de aquella paz, alguien gritaba llamándolo:

    -¿Gabiiiiiii?.... ¿Gabiiiiii?... ¿Ehhhh tío sé que estás ahí? - rugió como un león desde la acera, su amigo Telmo, esperando inquieto una respuesta que tardaba en llegar.


A unos cuantos metros más arriba, exactamente en el tercer piso, estaba tumbado en la hamaca de la terraza otro vecino, que no pudo impedir que aquel griterío perforase sus tímpanos y acabó desperezándose completamente, hasta que decidió asomarse a la barandilla de la terraza increpando violentamente a aquel extraño joven que le acababa de robar parte de su habitual siesta de domingo.

    -¡Ehhh, usted, deje de joder a los demás con sus voces!.. ¡No se da cuenta que está molestando a los vecinos, no son horas para ponerse a gritar como un verraco, es la hora de la siesta, por si no se ha enterado, majadero! 


    -¡Y qué!... ¡Oiga no me insulte que yo no le he faltado el respeto!


    -Claro, pero me ha jorobado la siesta y ahora ya me será imposible volver a dormirme. ¿Es que no tiene móvil, para llamar a esa persona y dejarnos a todos en paz?... ¡Qué poca educación tiene o qué ganas de cagarla!... 


    -Lo siento, si le he molestado, pero es muy urgente que le vea ... Hace dos semanas que perdí un brazo en un accidente y todavía no me he acostumbrado a usar la otra mano, de modo que no puedo llamarle al móvil.


En aquel instante, cuando entendió que aquel joven al que había increpado y hasta insultado, no estaba en condiciones para exigirle aquello que para él no suponía ningún esfuerzo, notó como una corriente eléctrica atravesaba su cuerpo desde los pies a la cabeza y no podía articular palabra.

El joven, lo miraba expectante, silencioso y hasta con cierta conmiseración, pensando - ¡comprendo que no me conteste, tampoco tiene la obligación de conocer mi estado físico y ahora debe estar sintiéndose un miserable! 
Bueno será mejor que me vaya -pensó resignado, Gabi no me contesta y este vecino tampoco quiere avisarle o abrirme la puerta del edificio para entrar. No me queda más remedio que abandonar a mi perro para siempre, que se ha quedado atrapado en el profundo socavón de aquella obra abandonada...

Cuando ya estaba completamente convencido de la imposibilidad de ayudar a su querido compañero y amigo perruno, cuando ya había terminado aceptando las angustiosas circunstancias que rodeaban aquel instante tan crítico y terrible... Cuando dedicido emprendió su camino de vuelta sin reaccionar negativamente, como en otras etapas de su vida cuando solía pegar puñetazos en la pared o descargar sus frustraciones con el primero que se le cruzaba, incluso hasta de forma agresiva y cobarde, como aquel desgraciado día cuando perdió su brazo por un despechado gesto de insolencia, cuando le gritó a otro compañero de clase:

    -¡Oye, escupemierdas! tú y yo tenemos algo pendiente, ya sabes, no te voy a consentir que salgas con mi ex novia, ella no se merece que un desgraciado como tú la manosee... ¡nenaza escupemierdas!... ¡te voy a romper la cara de un puñetazo!.  


Unos minutos después, tenía a media clase encima golpeándole hasta caerlo al suelo y allí acabar con el brazo destrozado.
Acabó recordando aquella terrible anécdota, convenciéndose de que no podía evitar la pérdida de su adorable mascota y que de nada servía desafiar con rebeldía aquel contratiempo, como venía siendo su costumbre hasta ahora, de modo que al final optó por alejarse de allí con total serenidad. 
Ya había dado algunos pasos girándose dispuesto a caminar en dirección contraria, cuando de pronto escuchó la voz del vecino a sus espaldas:

    -¡Espereeee... no se vayaaaa! ¡Soy el vecino de arriba, discúlpemeeee!



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