Comparto mis creaciones literarias de producción propia y motivo a los lectores a participar de mis historias.
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martes, enero 5

Posted by Consciencia y Vida Magazine in | 4:14 6 comments


Empezamos la cuenta atrás hacia esa fecha que el consumo y la hipocresía se encargan de almibararla como si de una gran ceremonia de corazones bañados en chocolate se nos pusiera encima de la mesa del salón de nuestra cotidianidad, de aquello que ya ni siquiera apreciamos porque lo tenemos demasiado visitado y los muebles parecen invisibles o erosionados por la rutina, sin embargo ese toque de campana provocador, como aquel de los perros de Paulov, nos activa las papilas gustativas del afán consumista, destapa el corcho de los deseos y al final el espectáculo de autómatas empieza a girar dentro de la bola de cristal con bolitas de nieve... ¡Qué alegría, qué felicidad llegó por fin la Navidad! ... una alegría que de un día para otro no se puede cuestionar, ni siquiera en esas reuniones familiares donde cada año siempre hay más de una silla vacía, más de un silencio congelado en la garganta, más de un llanto resquebrajándonos el alma. Una felicidad tan pasajera como las luces que brillan por todas partes y con el mismo ímpetu de la llegada parten unos días después, dejando a su paso un reguero de promesas disimuladas por el mismo cinismo que ha creado semejante festejo.

No quisiera tampoco ser la cáscara amarga que de un manotazo desinfla ese carrusel de vanidades, pero si me gustaría recordar a todos los que sólo se esfuerzan por agradar a otras personas precisamente en esos días señalados, que la Navidad debe ser cada día, cada minuto de nuestra vida, cada segundo de aliento, porque esas personas a las que supuestamente dices que quieres, no tendrían que significar un gran esfuerzo dibujarles una sonrisa en su mirada, también en esos días ensombrecidos por tu propio egoísmo. Nos encanta regalar y encontrar el regalo más adecuado y de nuevo volvemos a imaginarnos objetos, en lugar de personas, volvemos a imaginarnos productos en lugar de seres humanos que lo están pasando francamente mal también en estas fechas. 

Me conformaría con que este pequeño texto que acompaño con esta imagen navideña, no se interpretase como otra oda más a la Navidad de los centros comerciales, del derroche estúpido o de la hipocresía vestida con lazos de felicidad, sino que fuese una toma de conciencia de cómo los seres humanos acaban confundiendo el amor de papel con el sentimiento más noble que es el Amor incondicional. 

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