¡B I E N V E N I D O S!. . . . . M U C H A S__G R A C I A S__P O R__E N R I Q U E C E R__M I S__T E X T O S__C O N__V U E S T R O S__C O M E N T A R I O S.
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diciembre 05, 2017

Oportunidad

diciembre 05, 2017 52 Comments

Ahora, por fin llegaste, aunque no te esperaba, ni fueras la chica del anuncio. Con la mirada de soslayo voy perfilando tus curvas de arriba abajo. Pocas palabras y algunos gestos bastaron para ese inefable instante

¿Cómo te llamas? —pregunto, para romper el hielo.

—No tengo nombre, ni edad, ni profesión, ni domicilio, ni maleta donde llevar mis pertenencias. ¡Ah! tampoco tengo novio, ni falta que me hace. —me respondes anticipándote al "interrogatorio".

Entonces, te llamaré Oportunidad, si estás de acuerdo. —le digo mirándola fijamente a los ojos, mientras esboza una sonrisa, sin conocer que será la final.

noviembre 26, 2017

En noches de vigilia

noviembre 26, 2017 58 Comments
(Fotografía digital de Josephine Cardin)
En noches de vigilia, es cuando las letras surgen como las amapolas en primavera, que por algún conjuro imposible de descifrar, se tornan sonrisas con sabor a pastel de cumpleaños, uniéndose en un punto concéntrico, donde el aire que se llevó tus recuerdos, ya no podrá cruzar este umbral.

Quisiera quedarme atrapada en los lugares que nunca recorrí contigo, donde todavía no estabas presente, donde permanecías al pie de la montaña con tu gran equipaje de silencio y soledad.

¿Para qué regresas si yo ya no te espero?... ¿Por qué desperdicias tu vida si ya pasé la página?... La inercia de tu obsesión te encierra en tu cárcel de códigos binarios e insomnios dependientes, mientras la lluvia dispersa los sonidos y deshace las letras arrugadas en tu imaginación.
No hay marcha atrás, ni salida de emergencia. No quedan rastros en mi memoria que me permitan incorporarte a mi vida, al contrario, ella se ha encargado de expulsarte como si de un virus se tratase y no te puedes imaginar lo importante que fue descubrir aquella nueva mirada.
Sé muy bien lo que quiero, continuar en este acogedor andén, donde al bajarme del tren, dejé en mi asiento los complejos, para que siguieran solos a otra parte, para que se perdieran de mi vista como el paisaje zigzagueante, de la ventanilla.
Como un iceberg en el abismo vas perdiéndote en la niebla, ahora me toca cerrar la puerta, bajar las escaleras y decirte que no soy la misma que conociste, porque el tiempo se encargó de limpiar las calles donde caminaban mis preguntas, donde transitaban tus dudas, donde la rutina exhalaba el último aliento de esperanza.

Alcé mi copa de cristal repleta de lágrimas y la estampé contra tu frente, contra aquel hormigón de indiferencia con el que solías someterme al más puro ostracismo, para asegurarme con tu mueca de ironía, que nadie sería capaz de descifrar mi singular locura, porque únicamente tú tenías el manual de instrucciones para acompasar el tic tac de mi existencia. Luego me dije a mi misma: "Je pense qu'il est temps que le monde ne juge pas les gens, à cause de la personne que le hasard voulait leur faire aimer. L'amour ne discrimine jamais, bien que les préjugés toujours le fassent."

En noches de vigilia, doblo los folios en blanco y los lanzo como aviones por las ventanas de la ciudad, donde saltan Los Niños Perdidos, El Barco de Ulises, El Viejo Avaro o Madame Bovary... Quizás reboten en el cielo y luego se cuelen por las chimeneas de las miles de viviendas, que pueblan esta ciudad durmiente, mientras tanto voy recogiendo mis cosas y vaciando este apartamento, sin dejar rastro ni rostros que escudriñen la fotografía en blanco y negro de nuestra despedida.

Estrella Amaranto © Todos los derechos reservados

mayo 27, 2016

Te escribo para reinventarte

mayo 27, 2016 27 Comments

Concurso de microrrelatos de El Círculo de Escritores "MICROLOVE III"


No fue necesaria la llave, aquella mañana de domingo la puerta cedió con un fuerte chirrido al hacer fuerza con mi hombro. Aquello me animó a traspasar el umbral del desván, que en otra época, según me había contado mi abuelo "el pintor", había sido su lugar habitual de trabajo, pero que nunca quiso permitir, a nadie más que a sus hijos, visitarlo, desde que su mujer decidió separarse definitivamente de su lado e irse a vivir a otra ciudad, muy lejos de aquella donde había nacido y donde también había mantenido una buena relación junto a su marido.
La estancia estaba medio en penumbra, lo que me obligó a subir las persianas y tirar con fuerza de la manilla de las ventanas que permanecían atascadas por el paso del tiempo sin abrirse. El sol inundó toda la estancia lo que me permitió contemplar varios caballetes desvencijados manchados de pintura, así como en las paredes amontonados y cubiertos de sábanas enmohecidas montones de bastidores y lienzos sueltos. Me dí cuenta que en las paredes colgaban algunos cuadros de estilo abstracto y surrealista, hasta que mi mirada se quedó inmóvil en uno que estaba detrás de unas estanterías, apartado del resto. A duras penas conseguí sacarlo de donde estaba, luego lo coloqué en el suelo apoyado contra uno de los caballetes y después le dí la vuelta para extraer un folio amarillento y arrugado que permanecía sujeto al bastidor. Al instante me sobrecogió la curiosidad por lo que no dudé en leerlo, se trataba de un poema dedicado a mi abuelo por una supuesta amante o amiga:

Te escribo para reinventarte,
para recorrer una a una
las huellas que dejaste en mi cintura,
o el diligente deseo
que de noche naufraga
al encuentro perfecto
de caricias simétricas.

En esas noches sin fin y desveladas,
recorto tu silueta enajenada,
bordeando el paisaje del recuerdo, 
como una escultora en ciernes
moldea lentamente con sus manos
la arcilla de nuestros deseos cómplices,
o el barro en el que nos proyectamos.

Sabiendo que el cariño permanece
grabado con caricias en la piel,
borraré mis lágrimas de antaño
que mancharon mis cuartillas de papel
cuando escribía tu nombre 
en las esquinas dobladas del ayer.

Porque quise amar de otra manera, 
porque amar fue la razón de mi quimera,
porque emprendí mil viajes que debí retrasar,
porque complejo es el amor que no sabe esperar,
porque contigo el amor no fue pesar.

Estrella Amaranto © Todos los derechos reservados

mayo 18, 2016

Eternal Love

mayo 18, 2016 29 Comments


Concurso de microrrelatos de El Círculo de Escritores "MICROLOVE III"



Cuando cerró la ventana del comedor, Hortensia sabía que todo podía suceder. Entonces preparó como otras mañanas el desayuno y depositó las tazas de porcelana encima de la mesa del comedor, lentamente fue colocando todos los útiles necesarios y por último movió de dentro de la mesa hacia fuera, la silla que estaba frente a la ventana, y le esperó hasta que estuvo sentado, ella no cesaba de mirarlo embobada, hablándole de los planes que tenían previstos y de sus preocupaciones cotidianas.

-Cariño, ¿sabes que precisamente hoy es nuestro sesenta aniversario de boda?... Si, no hace falta que digas nada, veo en tu rostro la gratitud y felicidad de haber estado tanto tiempo juntos. Venga, acábate el té, que ya estoy preparada para nuestro postrero baile.

Al cabo de unos minutos, Doña Hortensia estaba bajando en el ascensor dentro de una caja de caoba que otros dos operarios trataban con mucha pericia de sujetar para que no se moviera en el trayecto. La familia al completo esperaba impaciente en el rellano de la entrada para acompañarla en su último viaje. 

Estrella Amaranto © Todos los derechos reservados

marzo 18, 2016

LA LEYENDA DEL UNICORNIO

marzo 18, 2016 49 Comments
UN MICRORRELATO PARA EL CONCURSO DEL 
CÍRCULO DE ESCRITORES "MICROFANTASY III"




El luto se había adueñado de todo el condado tras el fallecimiento del conde Elvinio el Valeroso, que tras duras peleas logró la paz. Casado con su prima Melinda, tuvo tres varones. La condesa entristeció hasta quedarse muda y ciega. Un día, sus tres vástagos partieron en busca de algún remedio que pudiera devolverle la salud a su querida madre.

Después un duro trayecto cabalgando a través de las escarpadas montañas y atravesando los valles del condado arribaron a una pequeña choza donde habitaba una hermosa doncella, que los escuchó desconcertada:

-Está bien, trataré de encontrar a mi fiel escudero para que me transporte hasta el castillo donde habita vuestra madre. Ya podeis regresar tranquilos y decirle a ella que llegaré al atardecer-

La doncella partió subida en su unicornio alado, el cual ignoraba que tenía la misión de salvar a la condesa de su terrible desgracia.

La condesa Melinda subida en la torre más alta del castillo, notó como un rayo caía sobre su cabeza nada más aparecer aquel precioso unicornio y al instante pudo ver como se transformaba en el conde Elvinio el Valeroso que venía raudo a su encuentro.

Estrella Amaranto © Todos los derechos reservados

LA AVARICIA DEL DRAGÓN

marzo 18, 2016 34 Comments
UN MICRORRELATO PARA EL CONCURSO DEL 
CÍRCULO DE ESCRITORES "MICROFANTASY III"


En los sótanos de un convento, vivía un rufián dragón, que en una oscura noche mientras los frailes dormían, escuchó un retintín de cadenas atravesando la arcada que daba al jardín. Inmediatamente salio apresurado y se escondió a una distancia prudente entre los setos y árboles a modo de muralla, entonces vio dos figuras fantasmales encapuchadas deslizándose a escasos palmos del suelo, una llevaba una vela encendida y la otra una pala. Luego observó como uno de ellos abría una profunda zanja ayudándose con la pala, mientras su compañero le iluminaba con la vela, hasta descubrir que extraía un saco bastante pesado -pensó al verlo intentando cargárselo a su encorvada espalda-
Siguiendo aquellas siniestras sombras, llegó a un pozo donde al asomarse advirtió que habían desaparecido y se introdujo en su interior, donde divisó una inmensa sala llena de monedas de oro. Radiante de júbilo se puso a saltar encima de aquella inmensa montaña brillante como un sol. 

-¡Seré el dragón más rico y poderoso! ¡Juntaré tierras, dirigiré ejércitos, me casaré con la doncella más bella y abandonaré mi condición de mendigo y rufián!

Al despuntar el día, aquella torre de monedas se había esfumado y de nuevo aparecieron las figuras de los encapuchados que arrastrándole a una zanja lo sepultaron vivo.

-¡Caíste en la trampa de la avaricia y nada ni nadie te salvará!- exclamaron los monjes que antaño murieron allí ajusticiados.

Estrella Amaranto © Todos los derechos reservados

marzo 04, 2016

EL HECHIZO DE LA BOTELLA

marzo 04, 2016 36 Comments
Concurso  LA  IMAGEN  IMPOSIBLE  I
Propuesta del Círculo de Escritores

Título: EL HECHIZO DE LA BOTELLA

Drifting Away del fotógrafo y artista sueco Erik Johansson

Decidido se levantó con esfuerzo de la cama, cogió su capa de capucha amplia y se aproximó hasta una estantería donde tenía guardados sus útiles de alquimia, ya llevaba tiempo sin usarlos y tras rebuscar un buen rato logró encontrar el libro de hechizos y encantamientos, con aquellas tapas de cuero pardusco y llenas de polvo, que guardó cuidadosamente dentro de su capa. Después reunió algunos instrumentos, como una probeta con un líquido verdoso que no paraba de burbujear, un caldero, su varita mágica, y el sombrero. Mirando varias veces por la ventana tratando de cerciorarse de si algún vecino podía verlo y sin parar de temblarle el pulso, ya que estaba muy nervioso, porque sabía perfectamente las consecuencias de lo que estaba dispuesto a hacer y de que jamás se lo perdonaría, preparó su brebaje en aquel caldero sobre el fuego de la chimenea arrojando el líquido verdoso de la probeta, unas cuantas hierbas, huesos de animales, vísceras y polvos extraños, que fue removiendo lentamente hasta verter lo que quedó depositado en el fondo dentro de otra probeta y después abriendo la ventana para que la luz de las velas y la luna coincidieran en un punto exacto de una especie de altar que tenía en aquella habitación, fue pronunciando un conjuro en un tono incomprensible para el oído humano y arrojando finalmente aquel tubo de cristal alargado al fuego de la chimenea. De inmediato un horrendo hedor ascendió por su conducto que salía al exterior de la casa e iba expandiéndose por los tejados, calles, parques, la iglesia y hasta el faro del pueblo. Lentamente se fue formando una espesa niebla y cuando desapareció, el tamaño de aquel pueblo se había quedado reducido a su milésima parte sin que sus habitantes, también sometidos al mismo sortilegio, pudieran haberse dado cuenta de lo sucedido y sin lograr evitar su designio.

Entonces cogió la botella que llevaba en su capa y saliendo disparado subido a su escoba logró encerrar al pueblo entero dentro del frasco. Después le colocó el corcho y situándose en medio del océano la arrojó a sus aguas.

La vida está hecha de momentos, unos seguros otros inciertos. ¡Qué maravilloso sería que siempre pudiésemos saber lo que va a ocurrir mañana para poner remedio! Sin embargo tenemos que aprender a vivir realmente, a saber abrir ese tapón de la botella que ignoramos y a liberarnos del hechizo de vivir sometidos a la tiranía del "castigo divino".

Estrella Amaranto © Todos los derechos reservados

enero 27, 2016

Nostálgico recuerdo de una infancia

enero 27, 2016 26 Comments


Una fría mañana de invierno, cuando la nieve cubría toda la ciudad repleta de edificios neoclásicos, con aquellas largas avenidas por donde los transeúntes deambulaban presurosos enfundados en sus cálidas ropas de invierno, protegiéndose de la nieve con los paraguas y deteniéndose curiosos frente a los escaparates de las tiendas, una joven motivada por aquellos nostálgicos recuerdos de su infancia, llegó hasta allí, con la seguridad de que después de tanto tiempo imaginándose aquel viaje, aquel tantas veces deseado encuentro, podría devolverla al pasado... Sin embargo fue poner los pies frente a la puerta de aquella vivienda, cuando todo se desvaneció súbitamente. Estaba delante de aquel añejo edificio de cinco plantas situado en una esquina de la gran avenida, su mirada iba recorriendo de abajo hacia arriba cada una de las plantas, cada ventana, cada balcón. De pronto le vino a la memoria la imagen de la portera, que fisgoneaba a través de la cancela siempre abierta y bajaba las basuras a eso de las ocho. Y de Andrea, la dentista franca y llana del primero, que añoraba la juventud perdida y le animaba siempre a aprovechar sus años de lozanía. Y del vecino de arriba que, al perder la vista aún joven, se quitó la vida dejando tras de sí a una familia destrozada. Y de Jorge, el comisario jubilado que fue perdiendo poco a poco la razón y se pasaba las horas esperando en el portal el regreso de entre los muertos de su amada.

No solo la vivienda era otra, la avenida entera había cambiado, la tienda de modas ya no estaba, ni tampoco la ciega que vendía lotería en la esquina y que reclamaba la atención de los viandantes con un "compre, compre, siempre toca", que llegaba hasta el patio de vecinos en los tranquilos atardeceres de verano, como la tienda de chuches, que ahora era un bar y el local que alguna vez cobijó un aparcamiento de coches improvisado, se alquilaba. Ya no quedaba rastro de aquella imagen que se desarrollaba entorno a sí cuando era pequeña y que desde su inocencia infantil, se le antojaba interminable. Su madre no volvería a ponerle su abrigo para llevarla al colegio de la mano, ni escucharía de nuevo, animadamente, los pasos de su padre al llegar a casa de la dura jornada laboral, ya muy entrada la noche.

Entonces le vino a la mente aquella pregunta: ¿De qué hubiera servido entrar al inmueble, llamar a la puerta y recorrer de nuevo cada rincón de aquella casa si el mundo que le daba coherencia ya no existía?

Descendió las escaleras llevándose consigo los restos herrumbrosos de su universo roto.

¿Se te ha pasado alguna vez por la mente, la idea de volver a algún sitio importante de tu niñez?... ¿Has añorado encontrarte con algún rastro de esas sensaciones que viviste en tu infancia?... ¿Qué mensaje te ha llegado al leerlo?... ¿Te gustaría añadir algo más a este microrrelato?...

Nostálgico recuerdo de una infancia

enero 27, 2016 0 Comments


Una fría mañana de invierno, cuando la nieve cubría toda la ciudad repleta de edificios neoclásicos, con aquellas largas avenidas por donde los transeúntes deambulaban presurosos enfundados en sus cálidas ropas de invierno, protegiéndose de la nieve con los paraguas y deteniéndose curiosos frente a los escaparates de las tiendas, una joven motivada por aquellos nostálgicos recuerdos de su infancia, llegó hasta allí, con la seguridad de que después de tanto tiempo imaginándose aquel viaje, aquel tantas veces deseado encuentro, podría devolverla al pasado... Sin embargo fue poner los pies frente a la puerta de aquella vivienda, cuando todo se desvaneció súbitamente. Estaba delante de aquel añejo edificio de cinco plantas situado en una esquina de la gran avenida, su mirada iba recorriendo de abajo hacia arriba cada una de las plantas, cada ventana, cada balcón. De pronto le vino a la memoria la imagen de la portera, que fisgoneaba a través de la cancela siempre abierta y bajaba las basuras a eso de las ocho. Y de Andrea, la dentista afable y leal del primero, que añoraba la juventud perdida y le animaba siempre a aprovechar sus años de lozanía. Y del vecino de arriba que, al perder la vista aún joven, se quitó la vida dejando tras de sí a una familia destrozada. Y de Jorge, el comisario jubilado que fue perdiendo poco a poco la razón y se pasaba las horas esperando en el portal el regreso de entre los muertos de su amada.

No solo la vivienda era otra, la avenida entera había cambiado, la tienda de modas ya no estaba, ni tampoco la ciega que vendía lotería en la esquina y que reclamaba la atención de los viandantes con un "compre, compre, siempre toca", que llegaba hasta el patio de vecinos en los tranquilos atardeceres de verano, como la tienda de chuches, que ahora era un bar y el local que alguna vez cobijó un aparcamiento de coches improvisado, se alquilaba. Ya no quedaba rastro de aquella imagen que se desarrollaba entorno a sí cuando era pequeña y que desde su inocencia infantil, se le antojaba interminable. Su madre no volvería a ponerle su abrigo para llevarla al colegio de la mano, ni escucharía de nuevo, animadamente, los pasos de su padre al llegar a casa de la dura jornada laboral, ya muy entrada la noche.

Entonces le vino a la mente aquella pregunta: ¿De qué hubiera servido entrar al inmueble, llamar a la puerta y recorrer de nuevo cada rincón de aquella casa si el mundo que le daba coherencia ya no existía?
Descendió las escaleras llevándose consigo los restos herrumbrosos de su universo roto.

¿Se te ha pasado alguna vez por la mente, la idea de volver a algún sitio importante de tu niñez?... ¿Has añorado encontrarte con algún rastro de esas sensaciones que viviste en tu infancia?... ¿Qué mensaje te ha llegado al leerlo?... ¿Te gustaría añadir algo más a este microrrelato?...

Estrella Amaranto © Todos los derechos reservados

enero 25, 2016

¿Qué pudo pasarle a mi vecina, Barbie?

enero 25, 2016 2 Comments
De pequeña tuve una vecina que también era mi tocaya y más o menos teníamos la misma edad, era rubia de ojos azules con una larga y lisa melena. Vivía en el segundo piso del edificio a mano derecha, se había ganado a pulso el sobrenombre de Barbie, pues era demasiado coqueta, atrevida para su corta edad y muy preocupada por guardar una escultural figura. Reconozco que cuando cumplió los 15 años, todos los chicos del edificio al cruzarse en las escaleras o en la calle, se volvían para verla.

Tenía una malicia encantadora y un magnetismo especial, que hacía de ella una especie de muñeca deseada incluso por los hombres más adultos, ya que no dejaba a nadie indiferente. Siendo honesta debo decir que la detestaba, me resultaba una mujer adulta en miniatura, no la había visto nunca de pequeña mancharse la ropa, subirse en los toboganes del parque o arrastrarse por la hierba dando volteretas... Ella siempre estaba pendiente de gustarle a otros chicos y muy segura de que su belleza la podía sacar de apuros.



Cuando cumplió los 18 años, sus padres le prepararon una fiesta, a la que también me invitó ella misma en persona, en realidad se trataba de su puesta de largo, al considerarse mayor de edad. Dicha celebración se hacía en el Casino de la ciudad, pues su madre quería ya buscarle pretendientes de familias adineradas, ya que la niña merecía un "buen partido" para el día de mañana. Aquel ambiente me incomodaba absolutamente, de manera que opté por darle una buena excusa que me ayudase a "librarme" de semejante patochada, por no calificarlo de algo despreciable y anodino.

Barbie optó por pedirle a otro chico de su misma edad, que también vivía en el mismo edificio y que era el foco de atención de las chicas que vivíamos por aquella misma zona, que fuese su galán para dicha fiesta. 
Como tenía bastante confianza con Álvaro y justo me lo encontré unos días antes de la celebración, en la hora del recreo,  del instituto en donde ambos estudiábamos, aproveché para preguntarle:

-¿Estarás emocionado con la invitación de Barbie para ser su acompañante?...

-¡Oh, no, no lo creas!. No me agrada mucho la idea, pero como es mi amiga y a mis padres les ha hecho mucha ilusión pues no me ha quedado otro remedio que aceptar. Intenté evadirme en un principio, pero ella insistió tanto, que entre unas cosas y otras, ahora ya no puedo dar marcha atrás.

-Bueno, no te preocupes, seguro que serás la estrella del evento y las chicas no te van a dejar en paz...ja,ja,ja,ja,ja,ja...

-Pero bueno, Marta, ¡cómo eres capaz de decirme esto y encima riéndote de mi!... 

-No te lo tomes a mal, Álvaro, es que me imagino a las chicas cuchicheando a tus espaldas sobre tu cambio de voz, ya empiezas a tenerla grave y te ha salido eso que llaman la "nuez de Adán"...  

-¿Lo ves?... ¡Si ya me imaginaba eso! ¡Todas las chicas con ese mismo tema de conversación!

-No hombre, no te lo tomes tan mal, seguro que no harás el ridículo y todas estarán loquitas esperando una sonrisa por tu parte. ¡Anímate!

-¿Y tú, vas a venir?...

-No, no me apetece en absoluto, bueno te lo digo en confianza, porque le he tenido que poner una excusa para no asistir.

-¿Y eso?.. ¿Por qué no quieres venir?... ¡Te echaré mucho de menos!

-No, no insistas, nunca me han gustado ese tipo de fiestas tan triviales y menos aún que tenga que exhibirme como una vulgar mujerzuela. Bueno ¡me tengo que ir, se me está haciendo tarde!

Efectivamente, Álvaro acabó por asistir pero haciendo el ridículo total. Su rostro plagado de aquellas inoportunas manchas de acné con una incipiente barba, su nerviosismo y timidez, hicieron el resto. Sin embargo, Barbie, que parecía una estrella de cine, trató en todo momento de tranquilizarle, de hacer que lo pasasen bien y durante el baile que pudiera olvidarse de semejante apuro (eso es lo que ella misma me contó algunos días después).



Transcurridos varios meses, empezó a correrse con la pólvora, una noticia que me dejó impactada: "Barbie está embarazada y su familia ha dejado de hablarse con la de Álvaro". 
Luego me enteré que Álvaro había abandonado las clases del instituto, incluso que se había ido con su familia a vivir muy lejos de allí y que nunca más volvería a tener noticias suyas. 
Por otra parte, Barbie dejó de ser la jovencita alegre que yo conocía, también abandonó sus estudios y cuando parecía que iba a tener ya el bebé, dejó la vivienda familiar y se rumoreaba que la policía estaba siguiendo su rastro, mientras sus padres también la buscaban desesperados.

¿Dónde piensas que pudo irse, Barbie?... ¿Acaso le podría haber pasado algo grave?... ¿Qué final darías al relato y qué tipo de mensaje te ha llegado al leerlo?...
Gracias a tod@s por vuestros likes y comentarios.

enero 05, 2016

El delator imprudente

enero 05, 2016 10 Comments

En una ocasión un empleado de una importante empresa, tuvo ocasión de enterarse de ciertas murmuraciones acerca de su jefe vertidas por otros compañeros trabajadores, que pensaron que nunca podrían llegar a oídos del jefe, sin embargo aquellas conversaciones no llegaron a ser escuchadas en su totalidad y con la suficiente claridad sonora, como para que aquel empleado tuviera la osadía necesaria de comentárselo a su jefe. Sin embargo, el empleado decidió contarle al jefe lo que creía había entendido a través de aquellas murmuraciones.

—D. Pascual, tengo que hablar con usted de algo muy grave. He escuchado murmurar acerca de su persona a otros compañeros y debiera estar enterado.

—Un momento... —le interrumpió su jefe-

—¿Ha intentado comprobarlo antes de hablarme?

—¿A qué se refiere con eso, señor?

—A que primero tienes que saber si es verdad.

—No señor, lo oí hablar de lejos a otros compañeros y no lo escuché con claridad.

—Por lo menos acláreme si con su actitud beneficia a alguien al decírmelo.

—Pienso que no es bueno para nadie, sino todo lo contrario.

—Entonces ¡para que se molesta en venir a decírmelo! y además ¿qué necesidad hay de que sepa todo eso que tanto te inquieta?

—Pensé que le vendría bien conocer esos rumores, pero ahora comprendo que no le interesan en absoluto y estoy haciendo el ridículo delante de usted.

—Ahora, ¡haga el favor de salir de aquí y de no volver nunca más! ... ¡Está despedido por chivato (delator) y mal compañero!

Estrella Amaranto © Todos los derechos reservados

enero 02, 2016

Un día cualquiera sucedió algo increíble

enero 02, 2016 0 Comments


Sumergida en la vorágine de aquellos confusos e irritantes acontecimientos, que en aquel instante se entrecruzaron al atravesar la calle conduciendo una mañana soleada de un día sin nombre, falto de cariño o de comprensión... Uno de tantos incómodos días que se "fabrican" en esa inconsciencia del pensamiento, pero que se materializan como las hojas de un libro impregnado de sueños sin almohada o de alambradas con cuchillas segando las esperanzas de un mundo mejor... Melinda trató de frenar, trató de detener lo imposible y como tal, fracasó, su automóvil terminaba de estrellarse contra otro vehículo que iba en dirección contraria a una velocidad vertiginosa, conducido por algún estúpido borracho o un despistado conductor, medio dormido, a esas tempranas horas de la mañana - pensó angustiada.

Tras unos minutos de silencio y absorta en su actual imprevisto, Melinda intentó sobreponerse y salió decidida del vehículo en dirección con el que había colisionado para conocer sus daños y naturalmente hablar con su conductor.

Nada más aproximarse a unos pocos centímetros de la ventanilla de aquel coche siniestrado, notó como por la espalda alguien le sujetaba violentamente los brazos mientras en una voz irreconocible le exigía que no se moviera y que no intentase girar la cabeza porque tenía una navaja en las manos y se la podía clavar.
Melinda no salía de su asombro, la garganta se le empezaba a quedar como una lija, los brazos le temblaban y una zozobra recorría de arriba abajo todo cu cuerpo. Infructuosamente intentó vocalizar algunas palabras, como "hijo de p.." o "cabr.." pero se vio incapaz y permaneció totalmente inmóvil, sometida a la voluntad de aquel malhechor, que intentaba ponerle en la nariz, un pañuelo impregnado de formol para adormilarla y al que esquivaba moviendo la cabeza constantemente.

En esas estaban cuando de pronto, un tercer viandante que había estado observando todo el tiempo la escena, decidió intervenir, pues sus prácticas de yudo le podían poner a salvo del peligro o la agresividad del malhechor, además pensó que también a él le hubiese gustado, que cuando en otras circunstancias de la vida, a su padre le había asesinado otro delincuente para robarle su pobre jornal, él no había podido estar allí para defenderle, ni tampoco nadie lo evitó. Aquella fuerza que le impulsaba parecía sobrenatural o hasta ese momento desconocida, de modo que se abalanzó de improviso contra el cuerpo grasiento de aquel insensato delincuente y lo dejó en el suelo inmovilizado y con la navaja amenazante en una mano, como para que no intentase el menor movimiento, al tiempo que le aconsejaba a Melinda que llamase a la policía.

    -¡No sé como agradecérselo! - exclamó temblándole los labios.


    -No me lo agradezca a mi, sino a mi padre, que hace un instante me ha traído aquí para salvarla.


   -¿Cómo dice?... ¡No le entiendo...pero si ha expuesto su vida por una completa desconocida!. 


    -No importa, no hace falta que lo entienda, sólo que sepa que alguien que usted no conoce, me trajo aquí para salvarla.


©Consciencia y Vida/Magazine
Código de registro: 1512095979721  

Somos el resultado de nuestras obras

enero 02, 2016 0 Comments


Llegó a la reunión y se acomodó rápidamente en su asiento que estaba bastante cerca de las primeras filas reservadas a los invitados más influyentes y destacados del mundo empresarial. A los pocos minutos apareció el presidente de la compañía acompañado de las personas de su máxima confianza que se acomodaron en la mesa presidencial, dando así comienzo a dicho acto público. Nuestro protagonista, es decir, el Sr. Taloki, mirando nervioso sus documentos apreció que le faltaban algunas fotocopias y que dicho "despiste" podría suponerle un despido por parte de la compañía en la que venía trabajando más de veinte años, de modo que trató de imaginar la mejor forma posible de salir de aquel apuro.

     -Caballero, me puede prestar un segundo ese par de fotocopias que lleva ahí en su cartera --inquirió el Sr. Taloki a otro invitado sentado a su izquierda y al que había estado observando su documentación mientras la colocaba ordenadamente en su portafolios.


     -Por supuesto, pero devuélvamelas en cuanto las lea por favor, son demasiado importantes --le contestó amablemente su interlocutor.


     -Lo siento, pero ahora ya no son suyas, puesto que carecen de firma o de legitimidad que acrediten al propietario. Tranquilícese y deje de molestarme con sus inútiles reproches o el resto de asistentes terminarán por llamarle la atención - le dijo cínicamente el Sr. Taloki haciendo un gesto grosero con el dedo.


La reunión fue transcurriendo con normalidad hasta que se produjo lo que el Sr. Taloki estaba esperando impaciente, su intervención pública en la tribuna de oradores. 
Llevaba una media hora de discurso cuando de repente se alzó una voz casi a un grito en medio de la sala que acabó por hacerse con el interés general de los allí reunidos:

     -Es un impostor y un ladrón. No pertenece a esta compañía y se ha atribuido el derecho de suplantar mi conferencia y por supuesto carece de invitación a esta reunión.


Cuando el Sr. Taloki buscó en sus bolsillos no encontró la invitación, tampoco pudo hallarla entre los papeles que llevaba en su cartera, hasta que finalmente comprendió que su interlocutor y vecino de asiento, le había sustraído sin darse cuenta aquella tarjeta que ahora podía sacarle de apuros. Sin embargo la realidad le estaba señalando públicamente como un auténtico sinvergüenza, que al fin y al cabo no era más que el resultado de su agresiva y cínica conducta respecto a su delator. Tampoco era consciente de que en su obsesión y nerviosismo por apropiarse ilícitamente de aquellas fotocopias y mientras ordenaba de nuevo su documentación, se le había caído al suelo su tarjeta de invitado, hecho que si captó inmediatamente su interlocutor y de ahí que le terminara cediendo sus fotocopias... 

Es increíble como el tiempo y la vida siempre pone las cosas y a las personas en su lugar, sobre todo a quienes la vileza de sus actos les delatan de alguna forma u otra.

© Consciencia y Vida/Magazine
Código de registro: 1512095979721  

El niño huérfano y el huérfano de amor

enero 02, 2016 0 Comments


Luis había quedado huérfano a los pocos años de nacer y ahora con sus siete añitos solía buscarse la vida recogiendo tapones de plástico por los distintos establecimientos públicos que se los regalaban o visitando a particulares que concienciados de su desdicha, también se ofrecían altruistamente para almacenarle los que buenamente podían y luego dárselos personalmente.

Un día otro niño, Alfredo, decidió robarle la bolsa con los tapones, así cuando vio a Luis cargado a la espalda con aquella abultada mercancía y dispuesto a entregarla en el almacén donde a cambio le pagaban un dinero con el que sobrevivía, le sorprendió en el camino dándole un buen empujón por la espalda para que finalmente cayera al suelo y pudiera coger su deseado "trofeo".

      -ja,ja,ja,ja,ja ¡Ahora es mía y voy a hacer lo que quiera con ella! ... ¡Tonto, tonto, eres tonto! ja,ja,ja,ja,ja,ja


     -Alfredo, devuélveme mi bolsa, es mía y no tienes derecho a robármela.... ¡Venga, dámela por las buenas o te arrepentirás!


     -No, no quiero dártela. Es mía y voy a hacer lo que quiera con ella. ¡No me pongas la mano encima que te rompo las muelas!


En eso, mientras los dos niños estaban enzarzados en una buena pelea, pasó por allí Manuel, un vendedor ambulante, que viendo aquella violenta escena, trató de separarlos cogiéndoles de las orejas y les preguntó qué motivos tenían para pelearse. Los niños le fueron explicando lo que allí había pasado, pero la versión que Alfredo le contaba no le resultaba del todo creible, por lo cual decidió entregar la bolsa a Luis y llevarse de la mano a Alfredo a otro lugar, para que a solas le pudiera explicar la verdad.

      -Dime la verdad ¿porqué le has hecho eso a Luis?


     -Porque yo quiero que la gente me trate como a él, que me den cariño, me hagan reir, me pregunten si me pasa algo o si estoy enfermo...


     -Pero ¿no te das cuenta que es un niño que vive en la calle y ya no tiene familia que le cuide como a ti?


    -Si, pero ¿para qué me sirve mi familia si nunca me han dado un beso, ni me han preguntado si soy feliz?... Quizás cuando mi familia me vea solo en la calle, vendiendo tapones como Luis, se den cuenta de lo triste y solo que me encontraba a su lado.


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No hay peor ceguera que la inconsciencia

enero 02, 2016 0 Comments


Un joven ciego permanecía sentado en el banco de un parque tomando el sol.

Al poco rato a su lado se sentó otro chico que se quedó mirando a una jovencita que pasó delante corriendo.

El joven admirado por la belleza de aquella chica le dijo al otro: 

    -¡No había visto una chica tan guapa como la que acaba de pasar!.

El joven ciego, sin inmutarse lo más mínimo, le respondió:


    -¡Yo tampoco, ni siquiera a esta la he podido ver!.


El chico extrañado completamente, le interroga muy molesto:

    -¿Acaso, te estás quedando conmigo?... ¡No me vaciles tío!.


El joven ciego permaneciendo sentado tan tranquilo le responde:

    -¡No!... ¡No te vacilo! ... ¡No vi pasar a nadie!.


El chico muy malhumorado se levanta e intenta agredir al joven ciego... Entonces, este saca del bolsillo su bastón extensible y se dispone a caminar, no sin antes decirle:

    -¡Hoy he comprendido que mi ceguera no es nada al lado de la tuya, pues la mía no me permite ver tu rostro, pero la tuya ni siquiera te deja ver el vací
o de tu corazón!


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