Comparto mis creaciones literarias de producción propia y motivo a los lectores a participar de mis historias.
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viernes, octubre 27

Posted by Estrella Amaranto in | 1:57 62 comments
Olivier de Sagazan ("Tranfiguration" - de su serie performativa)
Posiblemente te parezca un loco o una mente que deshilacha pedazos de razones, estirando de esos finísimos hilos invisibles hasta la saciedad, hasta converger en un oscuro corredor por donde la muerte va y viene, con la misma expresión afilada de acero incombustible y me grita: ¡El siguiente! Más, permanezco ausente y no la contesto. Mi hierático talante me protege de tantos inexpresivos rostros ordenando una nueva ejecución, pero conozco al general y no voy a ceder un palmo de este tablero donde se juega la partida, aunque las espadas se mantengan en alto y me recuerdes que ya no hay tiempo que pueda variar los eslabones del destino.

Veo pasar instantáneas ráfagas, realidades fragmentadas de mi vida, donde distingo como fue mi infancia y de que forma crecí, con esa arrogancia de los niños adultos, con ese desdén frunciendo el ceño y mirando cual águila rapaz, al resto de los posibles candidatos a mis obsesivos juegos de soldados romanos contra guerreros vikingos, siempre cortándolos la cabeza, porque ya entonces intuía que la mía no iba del todo bien, de eso ya se encargó mi padre, cuando lo vi en las pocilgas asestándoles palizas a los infelices lechones recién nacidos, esos eran precisamente sus favoritos, para levantarlos al vuelo y lanzarlos contra las rugosas paredes de adobe donde rebotaban y caían heridos al suelo. Luego cuidando los detalles, inspeccionaba la "pieza" como un experto cirujano, para finalmente sacar su navaja afilada del bolsillo y rematarlos con saña, hundiendo aquel afilado instrumento en su delicado cuerpecito, como quien corta un fino pastel, para relamerse de gusto y sentir el placer de las hormonas inundándole las órbitas de los ojos, que le centelleaban como un poseso.

¡Cuántas noches me levantaba de la cama escuchando los gruñidos y estertores de aquellas inocentes criaturas! ¡Cuántas veces mi padre me cogió por las orejas y me llamó cobarde! ¡Cuántos castigos recibí con la espalda cosida a latigazos! ¡Cuántos gritos de mi madre suplicándole que me dejase tranquilo, que sólo era un niño! ¡Cuántas palizas recibía mi madre cada vez que yo no cumplía las órdenes de mi padre! ¡Cuántos, cuantos....cuántos un día y otro también! Sería imposible de enumerarlos, porque mi padre no atendía a razones de ningún tipo y eso mismo heredé yo por desgracia. Como un virus contaminado de odio y venganza, que nunca me abandonó hasta aquel otoño cuando tu débil mirada me heló la sangre y paralizado no supe conjurar mi maleficio, para extinguir aquella hiel que me habían inoculado.

Me llegaban murmullos de la gente hablando, apenas audibles, apenas rozándoles la superficie de los labios, temerosos de emitir juicios imprudentes. Corrillos de avestruces pusilánimes, repartidas entre templos de buitres y nubes de hojalata oxidada por el miedo. Mientras tanto, presentía tu mirada con aquella piedad de las doncellas vírgenes, cuando aguardan en el lecho nupcial su crucial misión de entrega total de sus dones más íntimos. Sin embargo, mis ojos vidriosos permanecían ausentes, desdeñosos y clavados en un ángulo de noventa grados a la sombra gélida del precipicio de mi locura.

Aunque las neuronas se descolgasen por los oscuros andamios de mis lúgubres pensamientos, supe que la firme mano del tribunal superior de los desterrados a ese mundo de las almas perdidas, ya me había sentenciado y solo era una triste sombra entre las sombras del cautiverio en el que mi alma se hallaba condenada, mientras mi cuerpo se debatía en agonía sofocante.

Casi al término de exhalar mi último aliento distingo tu luz, señalándome con tu mirada angelical sin mediar palabra alguna, la habitación azul donde tantas noches danzamos cabalgando entre gemidos y sábanas de lino perfumadas de jazmín... ¡Oh! ¡Siempre me pareciste la diosa del deseo! Fuiste mi redentora de soledades y castigos, de pecados inconfesables que poco a poco me llevaron a esta locura y ahora te vuelvo a encontrar para redimir mi culpa y salvarme de nuevo... ¡Acércate y ten piedad de este ladrón que también te robó la inocencia y tu favor más preciado... tu vida...!

Estrella Amaranto © Todos los derechos reservados

martes, noviembre 29

Posted by Estrella Amaranto in | 4:25 33 comments


Rinia le había invitado a pasar una semana de vacaciones en su apartamento. Se conocían desde hacía un par de años cuando coincidieron en un viaje de placer por los Alpes suizos. Cornelia no conocía la ciudad y estaba muy ilusionada con aquella oportunidad de volver a verla, de modo que preparó su equipaje en pocos minutos, ojeando también su billete de avión para comprobar que todo estaba en su lugar correcto y que se acercaba el momento para la hora límite de embarque y facturación.

El viaje le resultó cómodo y demasiado rápido, pues al poco de acomodarse en el avión ya se había dormido y tuvo que desperezarse con dificultad cuando una azafata le tocó suavemente en el hombro para indicarla que se abrochase el cinturón porque pronto iban a aterrizar en el aeropuerto.

Ya en la planta baja de la terminal, que era donde estaba ubicado el vestíbulo de llegada de pasajeros, la estaba esperando impaciente Rinia, observando a derecha e izquierda aquel incesante flujo de viajeros que poco a poco iban asomándose por la puerta automática. 
Ambas se cruzaron la mirada frunciendo alegremente la nariz y sin poder contener las ganas de gritar sus nombres y aquellas típicas frases de ¡eh, qué ganas tenía de volver a verte! o aquella otra ¡no me lo puedo creer que estés aquí!... Luego un abrazo de oso y un gran salto juntas celebrando aquel encuentro.

Y ahora tomaremos un taxi para que nos lleve hasta mi apartamento que está bastante lejos de aquí. ¿De acuerdo?... 

 Me parece estupendo, además así podré sacar unas fotos durante la carrera. Quiero publicarlas en mis redes sociales lo antes posible, pues mi grupo de amigos estará impaciente para verlas...

Claro, no hay problema. El desplazamiento nos va a llevar más de una hora, puesto que suele haber mucho atasco a esta hora de la tarde.

Cuando por fin llegaron al edificio, Cornelia le preguntó extrañada  si allí era donde vivía, asomando su cabeza fuera de la ventanilla del taxi, mientras pagaban a medias la carrera. Rinia le respondió afirmativamente animándola a bajarse del coche y que no se olvidara de recoger su maleta de ruedas que llevaban en el maletero.

¡Ayúdame, Rinia!

¡Qué barbaridad, lo que pesa si te vas a quedar solo una semana! 

Si, ya lo sé, pero también traigo algunas sorpresitas para ti.

¡Qué tonta, no tenías que haberte molestado!

Y así empujando entre las dos aquel pesado bulto, finalmente accedieron al portal del edificio.

¡Eh! ¿Qué estás haciendo? ... ¡Ven para acá que ya he tocado el botón del ascensor! ¿No pretenderás que subamos a pie las escaleras? le sugería muy nerviosa, Cornelia.

¡Venga, no seas tan cómoda! ¡Podemos subir entre las dos esta maleta! alzó la voz Rinia en tono autoritario.

¡Ni hablar! ¡Yo no subo andando y menos con estos tacones! Además la maleta pesa bastante y no hace falta hacer tanto ejercicio. ¡No seas loca! le respondió su amiga convencida de que no iba a ceder a sus órdenes.

¡Espera, no sigas apretando ese botón! No te expliqué antes que ha habido demasiados accidentes en este ascensor. Subamos andando las escaleras insistió su interlocutora bastante preocupada.

A ver, tranquilízate, que te has quedado muy pálida mirándome apretar ese botón. Seguro que son tonterías para asustar a la gente. Además si no recuerdo mal tu vives en la planta trece... ¿Cómo no vamos a utilizar el ascensor? le aconsejó amigablemente, Cornelia, intentando hacerla entrar en razones.

Según dicen los vecinos este ascensor comunica con otra dimensión y mucha gente que se ha subido no ha vuelto a salir de aquí. Te aseguro que no mienten, porque mi vecino del piso de arriba que le vi usando un día el ascensor, luego desapareció contestó Rinia en un tono circunspecto.

¿Estás segura de que no salió?... ¿No será que te lo imaginaste?... Venga no empieces con esas tonterías... ¡Es un simple ascensor! Además ya lo habrían quitado de aquí si ocasionase esos extraños problemas. Lo mejor será que me acompañes y así te libras de esos miedos tan estúpidos continuó insistiendo su amiga.

Después de un rato de discusión, Cornelia terminó convenciendo a su anfitriona para que la acompañase en el ascensor, algo que a regañadientes aceptó, pues en ese instante un joven muy atractivo, bello y de buen aspecto, también se coló dentro y aquello parece que la acabó convenciendo. 

¡Esperen! exclamó otra señora al entrar al vestíbulo.

¡Vaya, no parece que sea tan peligroso, como me acabas de asegurar! De lo contrario nadie querría utilizarlo le susurró al oído Cornelia.

¿A qué piso van? les preguntó Cornelia a ambos pasajeros que parecían distraídos. El joven no dejaba de consultar su móvil y la mujer no le hizo tampoco ningún caso.

Antes de que se cerrasen las puertas, aquel joven ya había apretado el botón 18, "obsequiándoles" con una sonrisa bastante irónica, que le produjo un fuerte estremecimiento a Rinia, mientras la mujer permanecía inalterable. Su invitada mientras tanto, observaba en silencio sin dejarse atemorizar por nada, aunque ya se había dado cuenta de que la mujer se había quitado su abrigo y lucía un vestido negro de doncella con un delantal blanco con puntillas y después sacó de su bolso una cofia blanca para ponérsela en la cabeza. Rinia le cuchicheaba al oído que aquella mujer le recordaba a una criada que trabajó en otro piso de aquella vivienda y que según los rumores la habían encontrado muerta en la calle después de haberse tirado desde la terraza de la última planta, pero Cornelia intentó calmarla, comentándola que estaba demasiado alterada y que lo más probable era que se tratase de otra persona.

¡Bueno, parece que vamos a pasarlo muy bien los cuatro juntos! profirió el  joven frotando su cuerpo contra Rinia, que no acertaba a moverse ni un ápice. Entonces Cornelia le pegó un empujón que lo lanzó contra la puerta, quedándose atascado el ascensor en medio de dos plantas.

ja,ja,ja,ja. se reía burlonamente aquella estrafalaria doncella, que comenzó a mover arriba y abajo su abultado abdomen por el que apareció otro ser con unas alas en forma de tijeras y unas extremidades cónicas rellenas de una espesa capa granulosa del estilo de un pulpo y con un color azulado, mientras Cornelia se había quedado inmóvil sin poder articular palabra. 

¡Tranquilas, no les va a pasar nada si se portan bien! porque voy a apretar otro botón que no han visto y que está en este otro lado del ascensor, pero antes deben quitarse toda la ropa y quedarse completamente desnudas.

Aquella visión les había dejado sobresaltadas, por lo que no opusieron ninguna resistencia. También aquella espeluznante criatura las mantenía en vilo sin comprender siquiera si era real o no. El joven empezó a sufrir una transformación y lentamente comenzó a cambiarse su aspecto, alargándose sus extremidades mientras se iba haciendo un anciano. Después empujó una de las paredes del ascensor que se iba estirando con una flexibilidad increíble, hasta que hizo un boquete por donde las obligó a salir hasta el otro lado.

Habían perdido la noción del tiempo y el espacio, ya no sabían si estaban soñando o aquello que estaban divisando a lo lejos era real. Una ciudad flotante repleta de edificios acristalados y luminosos formaba una especie de islote en medio de una gran nebulosa. 


Ahora poneros estos trajes y dejaros flotar, no hace falta que hagáis ningún esfuerzo físico, solo concentrar la atención en esa ciudad y seréis transportadas de inmediato hasta allí. 

Pero, ¡qué nos sucederá ahora! ¿Ya no volveremos a casa?...¿Es que estamos muertas?... ¿Qué nos está pasando?... ¿Dónde estamos?...


Al cabo de unos días, cuando otra vecina se atrevió a asomarse a las puertas del ascensor dudando si entrar o no, descubrió las ropas abandonadas en el suelo de unas jóvenes que la policía estaba buscando desde que sus respectivas familias habían denunciado su desaparición. El caso acabó cerrándose al carecer de testigos y nuevas pistas para dicha investigación.

Estrella Amaranto © Todos los derechos reservados

martes, octubre 11

Posted by Estrella Amaranto in | 1:36 39 comments


CONCURSO DE RELATOS: Mil maneras de morir" convocado por el Círculo de Escritores.

Inclinado sobre la barandilla de la tercera planta de la discoteca, retirado del tumulto que se aglutinaba a esas horas de la noche, Rufus no perdía de vista a una joven de la que conocía prácticamente todo, como así se reflejaba en su agenda virtual donde anotaba los lugares que frecuentaba, las personas con las que se relacionaba, los horarios por los que se regía en sus rutinas y hasta el más mínimo detalle. Aquel meticuloso "trabajo" reforzaba su autoconfianza además de proporcionarle una gran complacencia.
Por fin esa misma noche ambos había acordado tener su primera cita allí en la disco, tras interminables "charlas" a través del chat que ambos frecuentaban asiduamente.

Bajó las escaleras hasta la pista de baile y sigilosamente se aproximó a ella hasta darle un golpecito en la espalda y ofrecerle una margarita:

Estás guapísima, me gustas más al natural que en fotografía le susurró al oído en un tono grave y provocador.
Me encantan los hombres maduros y que saben lo que nos gusta a las chicas respondió ella con naturalidad.

La música invitaba a desinhibirse y la aglomeración se volvía asfixiante, por lo que no tardaron en abrazarse ni en darse algún que otro beso de vez en cuando. La pasión los había privado de control alguno, por lo que dieron rienda suelta a la fogosidad vehemente de sus íntimos deseos, incluso llegó un momento en que decidieron esconderse en los aseos y hacerse mutuamente felaciones acabando exhaustos de placer.  

Serían las cuatro de la madrugada cuando decidieron continuar la aventura en un hotel, pero al cruzar la acera, un grupo de jóvenes delincuentes les amenazaron con un cúter para robarles sus pertenencias, reteniendo por la fuerza a la chica que intentaba zafarse, entonces él aprovechó un descuido y se largó corriendo de allí a toda velocidad.

Cuando por fin entró en su apartamento preso de una gran conmoción decidió tomarse un tranquilizante que lo ayudase a dormir y se tumbó en la cama sin desvestirse.

Poco después notó un ruido extraño en el pasillo, aunque su estado de somnolencia no le permitía distinguir con claridad si era real o no, permaneció atento unos segundos hasta que se durmió. Al darse la vuelta notó un bulto al lado, aquello le ocasionó tan desconcierto que pegó un respingo y saltó de la cama dándose de bruces con la esquina de la mesita de noche, notando un intenso dolor en la sien que le produjo una hemorragia. 

Cuando alargó el brazo intentando encender el interruptor de la lamparita, una insólita ingravidez acabó desconcertándole... Entonces una espeluznante carcajada reverberó por las paredes.

Ya no podrás librarte de mi presencia insistía aquella misteriosa voz
Conozco tus intenciones, has estado cerca de cobrarte otra víctima, pero lo he podido evitar gracias a esos delincuentes... ¡Cerdo de mierda!... Hoy hace un año precisamente que me violaste y luego vomitando tu veneno, acabaste por lanzarme por la ventana del hotel. ¿Lo recuerdas?... ¡Yo sí! terminó exclamando aquel espectro.

"De pronto empezó a vislumbrar la figura fantasmal de aquella chica que había asesinado mirándole a los ojos y ordenándole mentalmente tumbarse en la cama desprovisto de ropa. Luego ella lo colocó de espaldas atado al cabecero y lo sodomizó con el mango de un martillo."

El espíritu de Rufus vio aterrorizado su propio cuerpo, no acababa de aceptar aquella visión donde un médico forense revisaba escrupulosamente todo su cuerpo que permanecía reclinado sobre la mesita de noche con su brazo extendido al lado de la lamparita, tenía una profunda herida en la sien y su traje empapado de sangre.

Estrella Amaranto © Todos los derechos reservados


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