¡B I E N V E N I D O S!. . . . . M U C H A S__G R A C I A S__P O R__E N R I Q U E C E R__M I S__T E X T O S__C O N__V U E S T R O S__C O M E N T A R I O S.
Mostrando entradas con la etiqueta Relato negro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Relato negro. Mostrar todas las entradas

noviembre 01, 2016

Escenas encadenadas de un terrible suceso

noviembre 01, 2016 29 Comments
Hsin-Yao Tseng - Paisaje urbano

- Primera escena -

Llegó a la parada de autobuses de aquella enmarañada glorieta de Las Ánimas envuelta en una espesa humareda blanquecina y con la intención de coger el bus que iba directo hasta la explanada de Galileo. Se trataba de la misma linea que durante su época de estudiante le trasladaba hasta la facultad, pero que luego con la planificación urbanística había quedado absorbida por la gran expansión de los alrededores y ahora ya formaba parte del centro de la ciudad.
Aquella tarde por fin tenía una nueva oportunidad de encontrarse con ella y entregarle aquel abrigo azul que dejó olvidado en su automóvil desde hacía más de tres meses. Una prenda de la que no había querido desprenderse, porque al fin y al cabo era cuanto le quedaba de ella, aquel intenso olor a jazmín, orquídea, heliotropo y algún otro componente desconocido, le hacían recordar aquellas entrañables vivencias durante su época de noviazgo. No era gran cosa, pero se había conformado con ello y hoy por fin estaba dispuesto a quitársela definitivamente de la cabeza.

La semana pasada ella le había vuelto a llamar para zanjar algunas cosas que todavía tenían pendientes desde su definitiva ruptura, le animó a volver a verse en su nuevo apartamento, por lo que ya habían acordado la cita para las siete de la tarde. Rony estaba expectante por aquel encuentro y descubrir si todavía le despertaba esa atracción fatal de la que él se había aprovechado en el pasado.
Se había puesto su gabardina gris marengo que le llegaba casi hasta los pies y la cabeza cubierta con un sombrero de fieltro negro con anchas alas porque quería llamar su atención, sabía que a ella le encantaban los hombres con sombrero.

En pocos minutos descendía ya del autobús para dirigirse a una de las calles adyacentes, concretamente a la calle Abedul, que era donde vivía Espe. Llevaba el abrigo guardado en una bolsa de grandes almacenes que movía nerviosamente al aproximarse al apartamento, hasta que sin querer se le cayó al suelo cuando cruzaba tranquilamente la calle, de repente apareció un coche que pasó encima aplastándole. 
Su cuerpo ensangrentado permanecía a un lado de la calzada mientras algunos transeúntes se pararon horrorizados y curiosos a observarlo, sin que nadie se atreviera a tocarlo hasta que llegara la policía.


- Segunda escena - 

Una mujer de unos treinta años estaba mirando por la ventana del segundo piso que daba a la calle donde había tenido lugar el accidente, observaba atentamente todo lo que sucedía afuera incluido aquel accidente mortal, no parecía inmutarse, pero cuando vio llegar a un par de agentes de policía que trataban de comprobar el estado de la víctima, puso atención y fue cuando notó un escalofrío que le recorría la espalda. La presencia de aquella bolsa que había quedado tirada a unos metros del cadáver, la tenía desconcertada desde el instante en que se fijó que contenía un abrigo de señora azul, el mismo abrigo que dejó olvidado en el asiento de atrás la noche en que regresaron juntos de aquellas vacaciones.
Intentó hacer una llamada al móvil, pero su interlocutor no le respondió, por lo que prefirió tomárselo con calma y relajarse en el sofá durante un rato, hasta que sonó el timbre de la puerta. Eran dos agentes que le estaban mostrando su abrigo azul encontrado junto al cadáver de la calle y un móvil donde aparecía su número de teléfono y las llamadas realizadas al joven difunto, así como otras charlas en el wasap.

Se cambió de calzado, dejando las zapatillas en casa y se puso un anorak para bajar a la calle. Reconocía que no le hacía ninguna gracia, pero no le quedó otra opción que subir al coche  policial y acompañar a dichos agentes, puesto que debían tomarla declaración en la comisaría. La víctima no tenía familia y vivía solo, de modo que aquel caso requería ciertas diligencias e indagaciones a las que no podía renunciar.


- Tercera escena -

En el vestíbulo principal de las dependencias policiales se hallaba un joven, que al verla pasar junto a los dos agentes, torció el cuello intentando seguirla con la mirada, aunque ella ni siquiera se inmutó, tenía el gesto ausente y no le prestó la más mínima atención. 
Empezaba a oscurecer, cuando un policía le preguntó el motivo de permanecer allí tanto tiempo, pues tenía órdenes de sus superiores para que les informase acerca del motivo que lo retenía, ya que podría estar esperando a alguien. Gabi, que así se llamaba el muchacho intentó despistarle, comentándole que estaba esperando a otra persona que había quedado con él en aquellas dependencias. 
Las horas iban transcurriendo hasta que un oficial de policía le conminó a marcharse, amenazándole que de seguir en aquella actitud tan testaruda le interrogaría porque le empezaba a resultar sospechoso, y no le beneficiaría en nada si le obligaba a tomar medidas de seguridad en su contra, que le podrían poner en algún apuro.


- Cuarta escena -

Desde las cristaleras de un bar de copas que estaba próximo a la comisaría, una pareja de delincuentes seguían mirando obsesivamente al muchacho desde que había salido precipitadamente y no dejaba de mirar alrededor como si estuviera pendiente de alguien. Quizás lo estaban esperando, o tal vez lo confundieron con otro peligroso delincuente y decidieron salir a hacerle frente, asimismo tenían un viejo asunto pendiente que liquidar con "él". Muy sigilosamente lo siguieron hasta que en un desliz tropezó con un socavón en la calzada y valiéndose de su superioridad física lo maniataron con unas bridas, tapándole la boca con cinta americana y desaparecieron llevándoselo en un pickup negro que tenían aparcado en esa zona.


- Quinta escena -

Una vecina que sufría de insomnio había bajado a tirar la basura de madrugada cuando se percató de un pickup negro que hacía eses por la avenida y que dando un volantazo se había estacionado a la entrada de un viejo almacén y más tarde dos corpulentos matones sujetaban por los hombros a un tercer desconocido que tenía dificultades para andar, hasta que los vio introducirse en aquel edificio abandonado. Esperó un rato más hasta que muerta de frío optó por darse la vuelta y marcharse a su casa.


-Epílogo-

En los informativos de la mañana siguiente, aparecieron unas imágenes donde se reflejaba un accidente de automóvil ocurrido en el día de ayer a primeras horas de la tarde en la calle Abedul, próxima a la explanada de Galileo. También se daba por hecho que había una joven, Espe, de unos treinta años implicada en el caso y que vivía en la misma calle, en frente de donde ocurrió dicho deceso. En otro fotograma del reportaje se podía ver a dos matones que habían huido la madrugada pasada en un pickup negro transportando una abultada carga ilegal de droga junto a un sospechoso, Gabi, implicado también en aquel caso. A continuación salían las imágenes de dichos delincuentes junto a la foto del vehículo. Parecía que se trataba de un ajuste de cuentas, donde se afirmaba que dicha joven había mantenido un romance con aquel fallecido y del cual quería deshacerse cuanto antes, porque estaba a punto de casarse con un joven heredero del mayor holding empresarial de una importante marca de automóviles, que se había compinchado con ella para asesinarlo.

Estrella Amaranto © Todos los derechos reservados