¡B I E N V E N I D O S!. . . . . M U C H A S__G R A C I A S__P O R__E N R I Q U E C E R__M I S__T E X T O S__C O N__V U E S T R O S__C O M E N T A R I O S.
Mostrando entradas con la etiqueta Relato novelado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Relato novelado. Mostrar todas las entradas

marzo 04, 2016

La inesperada compañía - Capítulo 9

marzo 04, 2016 30 Comments

Abrí la tapa de la guantera para coger el cargador, guardándolo en el bolsillo de mi chaqueta y me fijé en una pequeña llave dorada que se hallaba en el asiento del copiloto, deduje que sería de mi atractiva pasajera, pero ¿qué abriría aquella sofisticada llave con aquellos diminutos agujeros en su hendidura y un pequeño llavero con una chapita dorada y un número en el centro?... No me parecía la típica llave de un buzón de correo, ni la de una maleta ni cualquiera de las llaves que conocía, era bastante rara y pensé que era conveniente guardármela, pues una llave como aquella solo la había visto una vez en el despacho de mi jefe del departamento del laboratorio y nunca más la volví a ver en ningún otro sitio. ¿Porqué mi inocente acompañante tenía precisamente otra llave igual o muy similar?... ¿Tenía que mantenerme alerta con ella?... ¡Pero si parecía una buena chica, con una mirada desvalida! Además ¿qué podía ofrecerle, si era un tipo normal y corriente, un encargado de un departamento oficial de un laboratorio con unos ingresos medios y un buen padre de familia?... No entendía nada y mucho menos, sabiendo que trabajaba en el mismo hospital de Muriel y que sería fácil encontrarla o cerciorarme de si me había engañado o no. De todas maneras prefería ser el depositario de aquella llave mientras estuviera a su lado y luego ya vería la manera de devolvérsela.

Empezaba a oscurecer y no habíamos comido nada durante muchas horas. Reanudé el paso para regresar al lado de Olga, que seguramente me esperaría para cenar algo. También noté como mi cuerpo tenía dificultad para andar, los músculos de mis piernas estaban agarrotados por el cansancio y la tensión del viaje, era obvio que tenía que quedarme a dormir aquella noche en el motel o de lo contrario podría sufrir algún desvanecimiento por el sueño y la fatiga acumulada durante tantas horas. También la oportunidad de dormir junto a ella aquella noche si no tenía ningún inconveniente, me tenía en cierto modo obsesionado, puesto que con una chica tan sexy como ella, resultaba muy difícil que me mantuviese impasible. De todas formas no tenía intención de aprovecharme de ella, sino de probar o intentar seducirla y que luego todo fluyera libremente. Con este inquietante desasosiego mental regresé de nuevo y fui directamente al mostrador de la recepción del motel para reservar una habitación de matrimonio, no hizo falta entregar el carnet de identidad de la joven, solo bastó con el mío al mostrar mi actitud tan confiada a la hora de abonar anticipadamente la habitación. Tomé la tarjeta ya activada y me fui directamente a la habitación para dejar cargando el móvil, luego tomé de nuevo el ascensor y bajé hasta la primera planta donde estaba la cafetería. Ella me observó salir del ascensor y se levantó de la mesa haciéndome una señal con la mano para que me acercase hasta allí, luego le mencioné que había reservado una habitación para quedarnos a dormir, ya que estábamos exhaustos y muertos de sueño. Mi acompañante parecía mucho más relajada que antes, se notaba que le había ido bien refrescarse en el baño y esperarme en aquel cómodo sillón del establecimiento. Le pregunté si le apetecía ya cenar algo, a lo que ella asintió con la cabeza, entonces me giré hacia un lado y le hice una seña al camarero para que nos trajese la carta con el menú.

.......   CONTINUARÁ ......
Estrella Amaranto © Todos los derechos reservados

febrero 27, 2016

La inesperada compañía - Capítulo 8

febrero 27, 2016 27 Comments

- En el interior del vehículo conducido por Hansy Haywinfer  y paralelo en el tiempo a los hechos narrados previamente en el domicilio de su esposa Muriel -

El impacto de bala de la luna trasera del vehículo la había dejado resquebrajada, asi que me fue imposible ver nada por el retrovisor, lo cual me obligó a seguir fijándome en los carteles luminosos e indicadores de la ruta que había tomado.

Olga seguía llorando desesperadamente y aquella situación me empezaba a incomodar demasiado. Le advertí que se callara de una vez porque no soportaba más continuar escuchando sus sollozos y ella pareció notar mi sobresalto, hasta el punto de sofocar sus lágrimas. Opté por continuar adelante hasta encontrar un cambio de sentido, pero lo cierto era que ya habían pasado algunas horas y lo más probable era que mi mujer se empezase a preocupar por mi inusual retraso. Tenía que pararme en la próxima gasolinera o área de servicio. No me apetecía llamarla si no estaba a solas y tanto a mi pasajera como a mi nos vendría bien tomar algo, ir al lavabo y refrescarnos para ver si aliviabamos la tensión y el cansancio acumulado durante aquel alucinante trayecto, donde parecía que nunca íbamos a poder llegar a ninguna parte. De forma que le expliqué mi plan, ella asintió enseguida y no dejamos de estar pendientes todo el rato de las indicaciones.
La idea de llamar a la policía me rondó por la mente varios segundos antes de que pensara, que tal vez no era lo más prudente llevando un impacto de bala en el cristal trasero del vehículo y teniendo que buscarme alguna coartada mucho más creíble, que lo que en realidad me había pasado, pues lo más seguro sería que la policía no me creyese y además también podía interrogarme acerca de la relación con mi pasajera y tampoco me tomarían en serio si decía la verdad y no quería ni imaginarme lo que pensaría mi mujer cuando la policía le contase lo que me había pasado. Me resultaba todo tan surrealista que ni yo mismo podía hacerme a la idea de la experiencia que estaba viviendo.

Por fin divisé una señal que indicaba la proximidad de un área de servicio y giré a la derecha para tomar el desvío hasta llegar a una amplia zona de aparcamiento. Cuando me aseguré de dejar bien cerrado el vehículo, bajamos casi en silencio y nos aproximamos hasta un gran edificio que tenía en la fachada un gran cartel anunciando que era un Motel de vacaciones con una amplio restaurante y cafetería en la primera planta. También muy cerca, me fijé en una enorme gasolinera y varios inmuebles a lo lejos, que no despertaron mi curiosidad. Tomé la iniciativa rápidamente y me dirigí junto con Olga al interior de aquel restaurante y cafetería. Nada más entrar quedamos en sentarnos en una mesa que había desocupada en la cafetería y mientras nos fuimos cada uno por separado a los servicios de señora y caballero.
Busqué el móvil en mi bolsillo de mi chaqueta que había metido precipitadamente nada más estacionar el vehículo, sin fijarme siquiera si lo tenía cargado o no, al mirarlo descubrí que tenía la batería descargada, por lo tanto debía ir a buscar el cargador al coche en cuanto saliera del aseo de caballeros. Traté de buscar con la mirada a Olga al pasar por la cafetería y comentarle lo del cargador, ella me vió aproximarme y me comentó que se quedaría allí sentada mientras yo regresaba.

.......   CONTINUARÁ ......
Estrella Amaranto © Todos los derechos reservados

febrero 23, 2016

La inesperada compañía - Capítulo 7

febrero 23, 2016 30 Comments


Muriel trató por todos los medios a su alcance de tranquilizarse para que sus hijos se calmasen y no le hicieran tantas preguntas, que ya le iba costando responder con un poco de coherencia. Tenía que madrugar para incorporarse de nuevo al turno de mañana del hospital y dejar a los gemelos en la guardería, de manera que les contó muy deprisa un cuento, en medio de sus constantes protestas, pues preferían que se detuviera en la lectura, para incluir sus preguntas hasta que el sueño les venciera, como siempre acostumbraba a leérselos.

Ya estaba entrando al dormitorio, cuando le volvió a sonar el teléfono, escuchando una vez más aquella voz ronca algo distorsionada, que le comunicó de nuevo que no se le ocurriese llamar a la policía. También le preguntó si ya se había dado cuenta del peligro que corría su vida y la de sus hijos si hacía cualquier tontería y sin seguir las pautas que él mismo le iría previamente indicando. No le gustaba para nada verse inmersa en aquel "juego", aunque el balazo en la ventana del salón, la mantenía tan asustada que prefería no correr ningún riesgo y escuchar lo que aquella voz le estaba indicando al otro lado del auricular.

-Tienes que convencer a tu marido para que regrese cuanto antes al laboratorio y que siga mis instrucciones. También debe llevar a la pasajera al laboratorio y que esperen allí hasta que yo vuelva a ponerme en contacto con usted.

-¿Qué pasajera?.. ¿De quien está hablando?...¡Pero si mi marido iba solo en el coche esta mañana!

-Sra. Haywinfer ¡No me haga preguntas y escuche lo que le estoy diciendo, a no ser que quiera sufrir las consecuencias!

-Intente contactar cuanto antes con su marido y luego espérese a que la vuelva a llamar. Mientras, no hable con nadie y procure conservar la calma, recuerde que estamos vigilando su casa.

La línea volvió a suspenderse, ante lo cual marcó los dígitos del móvil de su marido, insistiendo varias veces ya que le saltaba siempre el contestador, lo cual hizo crecer su incertidumbre. No cesaba de preguntarse qué le había ocurrido a Hansy y cómo era posible que llevara una pasajera. 
Permaneció toda la noche en vela incapaz de dar alguna cabezada en el butacón del dormitorio de los gemelos, donde se había refugiado intentando protegerles de cualquier posible riesgo.

Ya asomaban apenas los primeros rayos de sol, cuando de nuevo sonó el teléfono, con la habitual llamada entrante indicando “número oculto”. Muriel dejó corriendo el dormitorio para evitar que el ruido despertase a los pequeños.

-¿Ya ha conseguido hablar con su marido?... ¿Le ha explicado lo que anoche le dije?...
-¡No he podido todavía contactar con él! ¡No contesta a las llamadas y no sé qué es lo que le está pasando, pero por favor no le haga ningún daño!

.......   CONTINUARÁ ......
Estrella Amaranto © Todos los derechos reservados

febrero 19, 2016

La inesperada compañía - Capítulo 6

febrero 19, 2016 24 Comments

 - Mientras, en el domicilio particular de Hansy Haywinfer, es decir, del protagonista -

Ya comenzaba a oscurecer al mismo tiempo que una llamada en el móvil de Muriel interrumpió su atención, justo en el momento en que estaba bañando a los niños...

-¿Si, dígame? acertó a decir con el móvil apoyándolo en el hombro y aguantándolo con la cabeza.

-¡Escúcheme con atención porque en ello va la vida de su marido, la suya y la de sus hijos!- le decía una voz masculina algo ronca al otro lado del auricular.

-¿Quien es usted y qué es lo que le ocurre a mi marido?... 

- ¡No haga preguntas y escúcheme con atención!

-¿Cómo?  ¡No le permito que me hable en este tono amenazante! ¿Quien se ha creído?... ¡Voy a llamar ahora mismo  a la policía!

-¡Se equivoca, Muriel, si hace eso le va a costar muy caro!. ¡Escúcheme porque voy a perder pronto la paciencia y lo va a lamentar de veras!

-¿Cómo sabe mi nombre? ..¿Quien es usted realmente?...¿Qué es lo quiere y porqué tengo que creerme lo que usted me dice?...

-Le repito ¡no me haga preguntas o me voy a enfadar con usted! ¡Únicamente soy yo quien se las hace a usted! ¿Lo ha entendido?...

-¿Y por qué le tengo que creer?... ¡Se lo advierto, voy a llamar ahora mismo a la policía!

-Sra. Haywinfer, asómese ahora mismo a la ventana del salón y después volveré a llamarla. ¿De acuerdo?- inmediatamente se cortó la lamada.

Atemorizada, dejó un momento a los niños solos en la bañera y se acercó al ventanal del salón para comprobar qué es lo que ocurría afuera, al instante un ruído estrepitoso resquebrajó el vidrio dejando un dibujo parecido a una tela de araña con una bala incrustada en el centro. Temblando bajó la persiana y se fue corriendo al baño para secar a los niños, ponerles el pijama y dejarlos dormidos en sus camas.

-¿Mamá qué te pasa?... ¿Tienes la cara demasiado blanca? -le preguntaban los dos gemelos con los ojos muy abiertos. 
.......   CONTINUARÁ ......
Estrella Amaranto © Todos los derechos reservados

febrero 15, 2016

La inesperada compañía - Capítulo 5

febrero 15, 2016 30 Comments

-No, no me vas a convencer, es tu palabra contra la mía y no hay testigo alguno que lo pueda demostrar. De todas formas ya veré como me deshago de ti, porque sé que me ocultas la verdad y no puedo mantenerme al margen de lo que está sucediendo.

-Está bien, tú ganas, creo que debe ser mi novio el que nos sigue, es muy celoso y me advirtió al teléfono que estaba muy disgustado conmigo. Tal vez se le haya metido algo raro en la cabeza como cuando tuve un flirteo con otro amigo y no nos dejaba en paz, hasta que logró coaccionarle para que me dejara. Hazme caso y trata de despistarlo, es muy peligroso cuando se enfada.

En los minutos posteriores advertí que de nuevo, aquel turismo que nos venía siguiendo, nos rebasaba a toda prisa para reducir después la velocidad, luego yo hice lo mismo y le adelanté, pero no pude avanzar demasiado cuando otra vez me sobrepasó. Acorralado ante aquella provocación y después de repetirse los adelantamientos mútuos, finalmente el segundo vehículo volvió a sobrepasarme y se paró en medio de la calzada, obligándome también a detenerme. De inmediato el conductor del turismo se bajó del coche y empuñó un arma apuntando hacia mi vehículo, apenas me dio tiempo de pisar con fuerza el acelerador para tratar de evitar el disparo que, finalmente, impactó en la luna trasera del coche, cuando ya huía del lugar.

Preso del pánico había oprimido con tanta fuerza el acelerador que perdí la dirección correcta que llevaba para regresar al centro de la ciudad. Me había equivocado y estaba en una autovía paralela que me alejaba de la ciudad y a bastantes kilómetros, con una densidad de tráfico conflictiva y abrumadora al mismo tiempo. Tampoco ví ninguna señalización que indicase cambio de sentiodo, lo cual me obligaba a continuar adelante con el corazón saliéndome por la boca y apretando la mandíbula para descargar la fuerte tensión que estaba sufriendo en esos momentos.

Mi extraña pasajera no había vuelto a abrir la boca y le espeté furioso a la cara:

-¿Por qué te has quedado tan callada de repente?...¡Dí algo o te advierto que si de esta no salimos con vida, mi mujer testificará en mi favor a la policía... Yo no soy ningún delincuente ni tengo antecedentes...¡Pero creo que tú si!

Se hizo un tenso y largo silencio. De pronto ella rompió a llorar sin saber qué contestarme. Yo la seguía observando de reojo y no me daba la impresión tampoco de que fuera una malhechora, muy al contrario, me despertada bastante ternura y no la creía capaz de hacerme ningún daño. Tal vez mi lamentable estado de nervios hacía lo posible para que me estuviera comportando como un auténtico miserable.
.......   CONTINUARÁ ......
Estrella Amaranto © Todos los derechos reservados

febrero 12, 2016

La inesperada compañía - Capítulo 4

febrero 12, 2016 30 Comments


-No hay nada raro en ello, tienes un coche muy parecido al de mi novio, el mismo color, la misma marca y también lo habías aparcado en el mismo sitio donde suele dejarlo él, cuando me viene a esperar para llevarme a mi casa. Es pura rutina, de modo que tampoco me fijé si era o no el suyo. He tenido guardia toda la noche y estaba rendida de cansancio.-

Para mi tranquilidad, le expliqué que había estado pensando mientras hablaba por teléfono, en acercarla lo más posible al centro urbano y que allí se buscara la vida o que intentase ponerse en contacto con su novio para que la fuese a recoger.

Resultó ser una chica muy alegre y natural. Empezamos a sentir una gran empatía y complicidad a medida que nos enzarzamos en un intenso debate sobre las relaciones de pareja y los problemas que tenían los matrimonios estables con muchos años de convivencia, como me ocurría con el mío, de más de quince años. Ella apenas llevaba dos años saliendo con su novio y todavía estaba demasiado confusa respecto a lo que suponía casarse. 
Noté que me observaba sin parpadear, mientras le hablaba de temas que para ella parecían demasiado desconocidos o extraños, hasta que al cabo de un buen rato conduciendo como un autómata, me percaté de que había otro coche detrás que parecía estar siguiéndome, lo cual me inquietó bastante. Me fijé que no variaba de velocidad manteniéndose a corta distancia de nosotros, asi que apreté a fondo el pedal del acelerador temblándome la pierna ligeramente e intenté hacer una maniobra de despiste, que me ayudase a librarle de aquel coche que parecía empeñarse en acelerar también la marcha y no dejarme escapar de su radio de visión. 

-¿Por qué has acelerado la marcha tan bruscamente? ¿Es que ocurre algo grave? Dime ¿qué está pasando?-

-¡Un coche viene siguiéndonos! ¡No me gusta nada esta historia! ¿Con quien has hablado antes? ¡No te hagas la tonta!

-¡Sólo hablaba con mi novio! ¡Cálmate y por favor controla el coche o vamos a sufrir un accidente!

-¡No me lo creo, estás compinchada con alguien que ahora nos está siguiendo, confiésalo o juro que te abro la puerta y soy capaz de tirarte al asfalto! ¡No me mientas!

-Te repito que soy la primera sorprendida y no tengo ni idea de lo que está pasándonos. ¡Por favor, no hagas una tontería, porque si sufro algún accidente, tú eres el responsable! ¡Eres quien supuestamente me has montado en tu coche!

Me empecé a notar algo mareado y lo peor de todo era que mi mujer no podía imaginarse, ni por asomo, la gravedad de mi situación actual. Tampoco me funcionaba el móvil, pues se había quedado sin batería y mi extraña pasajera cada vez me estaba causando más problemas. Lo único favorable era que de momento había perdido de vista al turismo que nos perseguía o al menos eso pensaba yo...
.......   CONTINUARÁ ......
Estrella Amaranto © Todos los derechos reservados

febrero 08, 2016

La inesperada compañía - Capítulo 3

febrero 08, 2016 24 Comments


Intenté prestar atención a sus palabras, pero ella hablaba en otro idioma que desconocía, tal vez quien estuviera al otro lado de la línea o bien era extranjero o prefería mantener un cierto secretismo, asegurándose de que no pudiera entrometerme en sus asuntos. No cabía ninguna duda de que entre su interlocutor y ella existía cierta conexión o algún tipo de dependencia, dado que ella subía demasiado el tono de voz, como si estuviera enfadada, llegó incluso en ocasiones a chillarle al mismo tiempo que no paraba de retirarse la melena de la cara, mientras giraba la cabeza a ambos lados como si también con su cuerpo quisiera reafirmar la negación. Supuse que debía tratarse de una clara escena de celos o algo parecido, podría ser que aquel desconocido con quien no había parado de discutir en todo el tiempo, fuese alguien muy cercano a ella, quizás su pareja, novio, amante ... aunque ¡cualquiera sabe de quien podría tratarse!

Continuaba pendiente de los carteles indicadores de la carretera para tomar el desvío correcto y aproximarme lo más posible al centro de la capital, para dejarla allí, permitiéndola recuperar el hilo de lo que se estaba haciendo antes de subirse a mi coche.

-¡Eh, todavía no me has explicado porqué me dejaste subir al coche, sabiendo que era una extraña! ¿Por qué sigues conduciendo como si todo te diera lo mismo?-

-A mi me ha pasado igual. ¡Ni me fijé siquiera en ti, cuando te subiste al coche!. Después de casi veinte minutos conduciendo me llamó mi mujer y no la hice ni caso, pensé que el móvil no funcionaba bien y hasta tuvo que volverme a llamar para insistirme que no la había recogido al salir del trabajo. Entonces fue cuando me di cuenta que tú te habías colado en mi coche y no entendí nada, pero tampoco podía detenerme, ya que estaba en medio de la autovía y no me atreví a dejarte en una gasolinera o zona de servicio, lejos de la ciudad y sola. Además me pareciste tan guapa cuando te vi durmiendo que no tuve el valor de interrumpir tu sueño y por eso, preferí no asustarte y que siguieras adormilada- le expliqué lo más complaciente posible, hasta que noté que ya no me miraba angustiada.-

-Me llamo Olga y trabajo en el Hospital Clínico, muy cerca de donde dejaste tu coche.-

-¡Claro, por eso te confundí con mi mujer, al verte aproximar al vehículo con el mismo uniforme!, pero reconozco que casi no me fijé mucho en ti porque estaba medio dormido y solo te vi como una silueta al subirte. Por cierto, ella se llama Muriel y trabaja en la Unidad de Cuidados Intensivos, ¿la conoces?-

-No, no me suena ese nombre. Yo trabajo en el servicio de Traumatologia, que está en la séptima planta y tu mujer está en la primera al lado de Cardiología. Además este hospital es como una ciudad, solo conozco a los compañeros de mi planta y al resto del personal de servicio que la frecuenta.habitualmente.-

-No comprendo todavía por qué te subiste tan decidida a mi coche y me gustaría saberlo.-
.......   CONTINUARÁ ......
Estrella Amaranto © Todos los derechos reservados

febrero 03, 2016

La inesperada compañía - Capítulo 2

febrero 03, 2016 26 Comments


Estaba tan desconcertado, que aquella situación me provocó una risa nerviosa al encontrarme justo al lado de una atractiva e irresistible fémina. Su cabello largo negro y un poco revuelto, unas facciones muy sugerentes, la nariz pequeña, los labios muy carnosos y sensuales... Wuauuu, qué preciosidad!!!
No me parecía nada peligrosa, al contrario, me estaba empezando a imaginar lo que podríamos hacer juntos, incluso llegué a pensar que podría haberse equivocado de vehículo, o eso quise creer para quitarme cierta culpabilidad respecto a mi mujer.

Semejante sorpresa acabó por quitarme repentinamente la jaqueca y el cansancio. No cesaba de mirarla durmiendo y me reía a carcajadas yo solo. Me venía a la mente como en algunas películas, la gente olvidaba a su pareja en una gasolinera, pero no que pudieran equivocarse de coche y se montasen en el primero que vieran.

La extraña pasajera era una chica de unos veintitantos años que en cierto modo me recordaba a una antigua amiga de la universidad. Se despertó asustada, como si estuviese viviendo una pesadilla. 

-¿Quien eres y qué pretendes hacer conmigo?...- me interrogó en tono amenazante.

-Tranquila, no quiero causarte ningún daño- le respondí pausadamente.

-¿Porqué estoy aquí contigo?... ¿Qué ha pasado?...- volvía de nuevo a preguntarme fuera de si.

-¡Quiero bajarme, tienes que dejarme salir!- exclamó asustada sin perderme de vista.

-No soy ningún depravado, si hubiera querido abusar de ti ya lo habría hecho, no me hubiera sido difícil haber parado en algún descampado y como estabas dormida pues no te hubieras enterado de nada. Además para evitarme problemas te hubiera dejado después allí abandonada.- 

Terminé explicándole mi argumento con el fin de que confiara en mi y la aconsejé que se calmase, que respirara profundo y que me escuchase. 
Cuando logró tranquilizarse y pudo comprender lo que había acontecido, se echó a reir y hubo un momento en que los dos reíamos sin parar

-Pero ¡qué tonta soy!- repetía entre carcajadas

Una llamada al móvil de mi acompañante, interrumpió lo que estaba siendo una agradable charla. Supe que debía tratarse de alguien muy próximo a ella, pues la notaba muy nerviosa intentando convencer a la persona con quien hablaba. No podía tampoco estar tan pendiente de ella, al tener un volante entre las manos, que al menor descuido podría ocasionarnos cualquier problema y ya tenía bastante con toda aquel insólito incidente.
.......   CONTINUARÁ ......

febrero 01, 2016

La insperada compañía - Capítulo I

febrero 01, 2016 26 Comments

Aquel viernes tras una agotadora semana en el laboratorio fui a buscar a mi mujer al hospital donde trabajaba de enfermera. 
La circulación era intensa, me encontré en medio de varios atascos a lo largo de las distintas circunvalaciones que fui siguiendo para evitar las avenidas que estaban en el centro de la ciudad, repletas de vehículos en aquella hora punta donde no cabía un alfiler entre tanto tránsito y tuve que hacer varios rodeos para encontrar una zona de aparcamiento, donde finalmente pude estacionarme, me fijé que estaba justo en frente de una gasolinera, muy próxima a donde mi mujer trabajaba. Tenía un fuerte dolor de cabeza y estaba semidormido, de modo que cuando creí verla aproximarse con su uniforme y su silueta, rápidamente quité el seguro de la puerta del copiloto. 
Noté el ruido del golpe al cerrarse la puerta y apenas giré la cabeza, de modo que en cuando noté que ya estaba sentada a mi lado, arranqué a toda velocidad. Me había parecido algo raro que no me diera un beso o me empezase a hablar de los niños y del hospital, pero como tenía tanto sueño y no paraba de sentir pinchazos en las sienes, pues no le di importancia, además tampoco tenía muchas ganas de hablar. 
El trayecto hasta casa era algo largo y llevaba una media hora conduciendo cuando sonó el móvil, miré de reojo para no perder el control del vehículo, era el número de mi mujer, pensé de todos modos que mi teléfono debía haberse estropeado o que no estaba funcionando correctamente, además me era imposible detener el vehículo, ya que me hallaba en una carretera sin área de servicios.
Tras varios minutos decidí por fin girar la cabeza y fue entonces cuando me di cuenta que la persona que se había subido al coche no era ella. Pude distinguir perfectamente a una mujer dormida en el asiento del copiloto que no era mi esposa, tampoco tenía idea de quien era. Llamé a Muriel inmediatamente y me contestó que dónde me había metido y porqué no le había respondido antes. Se la notaba muy nerviosa y preocupada, llevaba esperándome más de veinte minutos. No quise alarmarla, ni tampoco que me había equivocado y llevaba al lado a una extraña, de manera que le dije que me habían llamado del laboratorio para revisar una muestras que no estaban correctas y que me disculpara por no responderla antes, pero que no llegaría a tiempo para recogerla. Me dijo algo que no recuerdo y colgó muy molesta.
.......   CONTINUARÁ ......

 ©Estrella Amaranto