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enero 02, 2016

Una gran lección de amistad

enero 02, 2016 0 Comments

Tres alpinistas deciden emprender una nueva aventura escalando otra nueva cumbre, dos de ellos se toman tan en serio su objetivo, que dejan atrás a su compañero sin importarles su suerte o el fascinante paisaje que puede llegar a verse desde esas alturas.

Pasadas las primeras horas, Anselmo toma la delantera trepando con firmeza la cuerda, al tiempo que colocaba la suela del calzado a las protuberancias de las rocas para conseguir un mejor equilibrio. Daniel, le iba observando en silencio con el fin de poder adelantarle, ya que se había quedado rezagado unos metros más abajo. Pasaba el tiempo y teniendo muy claro que Anselmo conseguiría coronar la cumbre, su mente empezó a elaborar un plan B que le sirviese como argucia y que no despertara ninguna sospecha en sus compañeros.

    -"Estaría bien que le hiciera una señal de auxilio como que me he roto un brazo y le obligase a descender hasta mi posición. Luego cuando quiera cerciorarse de mi lesión, le voy a sorprender diciéndole que estaba vacilando con él y que le he gastado una broma. Lo más probable es que se pille un buen cabreo y le cueste volver a retomar el ritmo que llevaba, con lo que me dará una gran ventaja para superarle y llegar antes a la cima." - pensó en esos momentos.


Tomas mientras tanto ya había alcanzado a Daniel y este al verle, le comentó que se había dado un fuerte golpe en el brazo y que no podía moverlo, de modo que lo mejor sería que avisara a Anselmo por el móvil para que viniera en su auxilio. 
Al cabo de una media hora o algo más,  Anselmo ya había bajado y estaba dispuesto a ayudarle, pero en cuestión de segundos, Daniel pegó un respingo y sujetándose a la cuerda trepó lo más rápido que pudo, alejándose de sus amigos y ascendiendo a un ritmo frenético.

     -¿Lo has visto, Tomas? ... ¡Está como loco! ...  


     -¡No te hagas mala sangre! ... ¡Olvídalo, Anselmo, disfrutemos de este paisaje alucinante!


    -¡Toda la vida se ha dedicado a humillarme, retándome a base de engaños y después criticarme! ... Le pedí antes de venir que no volviera a jugar sucio conmigo, pero ya veo que nunca me toma en serio y estoy cansado de sus mentiras. Lo siento amigo, pero no pienso continuar aquí con este jueguecito... ¡Abandono y me voy a casa!


    -¡Eh, alto, tú te quedas conmigo, olvídate de Daniel y disfrutemos de este día maravilloso, de toda la belleza de estas montañas, del aire puro que respiramos y de ese magnífico valle que queda a nuestros pies! Porque ¿acaso te has fijado en estas vistas maravillosas mientras estuviste escalando?...


    -¡Tienes razón, sólo me preocupaba llegar el primero a la cumbre! ¡No podía pararme y menos aún observar esta belleza que nos rodea!. Pero de todas formas, sigo sintiéndome un imbécil, porque nunca consigo darle su merecido. Ya verás cuando baje y nos vea aquí a los dos contemplando estas maravillas, se va a reír de nosotros y ya ni te cuento las palabrotas que nos dedicará, como mínimo, ¡gilipollas!


     -¡Te equivocas! Mientras estábamos mirando este paisaje, me ha enviado esta foto.


     -A ver, dame el teléfono... ¡Nooooo, no puede ser! ... ¡Se ha caído dentro de un hoyo muy profundo y debe estar congelándose!... ¡Voy a llamar inmediatamente al servicio de rescate en estos casos de emergencias!


Transcurridos los primeros momentos después de que llegase un helicóptero provisto de personal medico autorizado y tras una ardua maniobra para extraer del profundo agujero el magullado cuerpo de Daniel, sus dos amigos también fueron transportados hasta la pista de aterrizaje más cercana y desde allí en una ambulancia directamente al hospital central donde ya les esperaba la familia del herido.

Terminada la intervención quirúrgica que tuvieron que practicarle a Daniel, este había quedado completamente parapléjico al sufrir una grave lesión medular tras el fuerte impacto de la caída, lo cual supo al despertar de la anestesia y notar la ausencia de movimiento en sus piernas. No sabía como encajar aquel golpe del destino o aquella cruda realidad que ya era inevitable. En su mente no cesaban de pasar imágenes, recuerdos, sensaciones de toda clase, punzadas en el estómago y una especie de paroxismo que le recorría de medio cuerpo para arriba sin dejarlo respirar. Aturdido completamente empezó a proferir insultos, exigiéndole a los que se encontraban a su alrededor que le quitasen todos aquellos artilugios médicos y goteros de encima, porque prefería morirse antes que quedarse en una silla de ruedas toda la vida.

Llevado por la rabia y el odio terminó por acusar a sus amigos de haberle empujado dentro del enorme socavón de hielo y de ser los auténticos culpables de su desgracia. Estos completamente aturdidos por el asombro, de verse envueltos en otra nueva jugarreta de su presunto amigo, cogieron el móvil para mostrárselo a los familiares y que pudieran asesorarse por si mismos de las graves acusaciones y mentiras de Daniel, ya que en el terminal se había quedado grabada la conversación y estaba muy claro que Daniel les pedía ayuda porque se había caído dentro del agujero.
Daniel se quedó completamente avergonzado y cabizbajo, de repente empezó a llorar desconsoladamente como un auténtico niño mimado.

     -¡Dejadme solo, largaos todos de aquí...! ¡Aggg ! - gimoteaba apenas sin fuerzas, tapándose la cara con las manos para que no le vieran llorar.


    -Tranquilo, Daniel, dame un abrazo tío y déjate de tonterías. Venga, hagamos las paces y no sufras estúpidamente. - le decía Tomas al oído, mientras Anselmo le apretaba las manos con fuerza.


Daniel seguía llorando desconsoladamente, preso de los nervios y descargando toda la frustración acumulada en una especie de catarsis pacificadora que acabó por serenarle el ánimo. Sus dos inseparables amigos no se habían separado de él, permaneciendo en silencio recostados cerca de su pecho y tratando de darle todo el cariño y el apoyo del que eran capaces.

     -Amigos, os pido perdón, he sido un estúpido orgulloso tratando siempre de burlarme de vosotros. Hoy me habéis demostrado lo que es la auténtica amistad, de la cual he desconfiado siempre. Hoy he comprendido que no es una debilidad ni una gilipollez, que es algo admirable y que vosotros me lo habéis demostrado con creces. ¡Os quiero tíos!...¡Ah, me debo estar haciendo viejo o me habéis vuelto tonto! je,je,je...- terminó diciendo Daniel, riéndose y completamente feliz.




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Siguiendo un camino equivocado

enero 02, 2016 0 Comments

De inmediato acudió a su mente, el recuerdo de cuando meses atrás había dejado su trabajo y le había dicho a su familia, que no quería continuar aquella farsa de vivir una vida que no era la que a ella le hacía feliz....

    -Pero, Marta, ¡así no vas a llegar a ninguna parte, no te das cuenta que estás equivocándote, que sólo piensas en ti egoístamente y prescindes del cariño de tus padres y amigos porque se te ha metido esa idea absurda en la cabeza!    - exclamaba el padre de familia muy enfadado, mientras la madre no paraba de llorar.


    -Necesito hacerlo y no me vais a hacer cambiar de opinión a base de vuestros continuos enfados y chantajes emocionales, sí mamá lo digo por ti, porque ya estoy harta de tus lloros y de tu astucia, presionándome siempre, para que haga lo que a ti te apetezca. No, esta vez, va en serio, me voy definitivamente de esta casa.


Recordaba también, como aquella noche, acabó por cerrar definitivamente aquel círculo que la había mantenido asfixiada tantos años de su vida, tantas noches en vela sumida en una profunda depresión, hasta que la suerte se puso a su favor, cuando encontró accidentalmente una información para colaborar en una campaña de alfabetización a miles de kilómetros de donde se encontraba y que apenas ofrecía un salario mínimo, pero donde iba también a encontrarse con varias amistades de la juventud, con las que había ido perdiendo el contacto.

Tras un largo periplo nocturno en avión y la llegada a un destartalado aeropuerto en mitad de la nada (le pareció a ella) nada más poner allí los pies y buscar un taxi que la llevase a un hotel, del cual ya había anotado la dirección unas semanas antes de abandonar su domicilio, acabó por dejarse caer  en la cama totalmente agotada.

Al día siguiente, adquirió una motocicleta de segunda mano, que no le costó mucho gestionar, en cuanto puso un buen fajo de billetes delante de un descarado vendedor, que no tuvo reparo alguno en saltarse ciertas normas legales para dicha venta...

Ahora, Marta, no paraba de sentir cierta inquietud, como si presintiera que aquel imprevisto pinchazo de la rueda trasera de su motocicleta formara parte de algún tipo de señal desconocida, o de advertencia para no continuar aquel viaje, pero sin embargo, hasta ahora nada extraño había ocurrido, su actual medio de trasporte la estaba llevando hacia su destino y aparentemente nada hacía temer lo contrario.

Los pasajeros que la acompañaban tenían amontonadas a su alrededor pesadas mercancías que formaban parte de sus respectivos equipajes, lo cual hacía más incómodo el limitado espacio que les quedaba para acomodarse en unos desgastados asientos de madera, que no paraban de moverse a medida que el vehículo rebotada con las curvas. Sus rostros ajados la miraban con recelo y desprecio, pues la consideraban una "invasora" o una rica capitalista, de las que llegaban allí para aprovecharse de su ignorancia o miseria.

De pronto, un control militar obligó a detener aquella mole metálica desvencijada, que tras el brusco frenazo, lanzó de golpe a nuestra protagonista a unos cuantos metros, quedando sepultada entre montones de basura que se apilaban al lado opuesto de la carretera, en una zona completamente despoblada.   
Haciéndose hueco con todo el cuerpo y principalmente a base de patadas logró después de mucho esfuerzo asomar su cabeza al exterior... Allí delante de sus narices, contempló como esposaban a todos los viajeros del autobús y al conductor también lo llevaban entre dos aguerridos militares que además le habían puesto una capucha en la cabeza.

    -¿Por qué me he salvado de ser arrestada y arriesgarme a sufrir no se qué consecuencias?... ¿Por qué se pinchó la rueda de mi motocicleta?... ¿Por qué ahora me encuentro perdida en este solitario paraje?... ¿No será que no he escuchado las "señales"...que no he sabido descifrar estos desagradables e imprevistos acontecimientos como algo importante, que trataba de ponerme alerta, para evitar esta desagradable realidad que me está pasando ahora?...



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¿Acaso, no vivimos en un sueño?

enero 02, 2016 0 Comments

Hace mucho tiempo, surcando las inmensas dunas del desierto, un viajero a lomos de un camello con un turbante en la cabeza para protegerle del incesante calor y holgadas vestiduras de lino blanco, avanzaba lentamente con la esperanza de llegar pronto al campamento del que había partido semana atrás. 
Los rayos del sol se iban apagando poco a poco, al mismo tiempo que al camello se le agotaban las fuerzas para seguir adelante, asi que decidió hacer una parada, con el fin de descansar antes de que se hiciera de noche.
Primero extendió su tienda de campaña provista de grandes mosquiteras y después de haber cenado algunas provisiones que guardaba cuidadosamente en su mochila, escuchó a lo lejos unos terribles gritos de auxilio de alguien que parecía estar en peligro...

    -¡Socorroooooooo... que alguien me ayudeeeeeee.... que alguien me ayudeeeeeeeee ....! 


Nuestro viajero solitario dudó un momento, estaba confuso y demasiado agotado por la caminata durante todo el día. 

    -¿Qué hago...voy a ayudarle o mejor me quedo aqui tranquilo?... Tal vez podría meterme en problemas y ya bastante tengo con los míos, pero...y si por dejarle, termina ocurriéndole una tragedia que podría haber evitado - pensó duditativo, hasta que al final optó por ir a ayudar a aquel desconocido.
Dirigiéndose hasta el lugar desde donde se escuchaban aquellos gritos desgarradores, enseguida distinguió la presencia de un anciano tumbado en el suelo, que parecía estar agonizando.

    -¿Qué le ocurre señor?.. ¿No tiene buen aspecto?... Dígame en qué puedo ayudarle.


    -Deme el antídoto que llevo en esas viejas alforjas colgadas sobre mi camello y dele también a él un poco de agua de mi cantimplora. Me ha debido picar una serpiente venenosa y ahora estoy mareado y sin fuerzas.


Mostrándole un diminuto frasco de vidrio que desprendía un olor intenso y desagradable, le preguntó si era eso lo que necesitaba, a lo cual el anciano respondió afirmativamente.
Al cabo de pocos minutos empezó a observar como ya estaba haciendo efecto aquel antídoto y el anciano agradecido le dijo: 

    -Me has salvado la vida, de modo que ahora estoy en deuda contigo, toma este manuscrito que seguro te ayudará.


Y diciendo estas palabras se esfumó como una cortina de humo en medio de la noche.
Naturalmente nuestro viajero pensó, que debía tratarse de un sueño o un espejismo, ya que no tuvo tiempo de recoger aquel manuscrito, ni tampoco estaba el camello... No había quedado absolutamente nada que pudiera demostrar lo que supuestamente sucedió hacía unos instantes.

    -¿Porqué no puede tratarse de un simple espejismo, si me encuentro agotado y sediento?... ¿No dicen que en los desiertos ocurren este tipo de sucesos?... - pensó, convenciéndose a si mismo y regresó de nuevo a su tienda de campaña dispuesto ya a dormir plácidamente.


En mitad del sueño, volvió a ver de nuevo a aquel anciano que no paraba de sonreir, intentando decirle que aquella bizarra experiencia pasada, no había sido un sueño, ya que la había vivido con igual intensidad o más aún, que lo que él interpretadaba como real y cotidiano, pero que todavía no estaba preparado para comprenderla de esta manera.

    -Te dejo encima de tu mochila este pequeño manuscrito, asi mañana cuando "despiertes" podrás darte cuenta del significado de mis palabras, y a partir de ahí, tomar otro rumbo diferente a este que ahora llevas, desde que iniciaste tu viaje.


Ya de mañana y nada más despertarse recordó inmediatamente el sueño que había tenido durante la noche y aquella extraña presencia del anciano mencionándole lo del manuscrito. Giró la vista para localizar su mochila y quedó completamente atónito, alí estaba un pequeño librito con tapas de piel oscura y un cierre con un broche de perlas y presilla de seda. Tras el asombro, logró incorporarse y coger el libro entre sus manos para hojearlo.

Nada más abrir la primera página leyó:

"Hace mucho tiempo, surcando las inmensas dunas del desierto, un viajero a lomos de un camello con un turbante en la cabeza para protegerle del incesante calor y holgadas vestiduras de lino blanco, avanzaba lentamente con la esperanza de llegar pronto al campamento del que había partido semana atrás. 
Los rayos del sol se iban apagando poco a poco, al mismo tiempo que al camello se le agotaban las fuerzas para seguir adelante, asi que decidió hacer una parada, con el fin de descansar antes de que se hiciera de noche.
Primero extendió su tienda de campaña provista de grandes mosquiteras y después de haber cenado algunas provisiones que guardaba cuidadosamente en su mochila, escuchó a lo lejos unos terribles gritos de auxilio de alguien que parecía estar en peligro..."
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La realidad del momento

enero 02, 2016 0 Comments


El verano transcurría tranquilo y relajado, las olas del mar también lo acompañaban en aquella tarde donde el sol rezumaba fulgores de transparencia cristalina remando a la orilla, ecos rebotando en la arena de barcos perdidos en altamar, murmullos de gaviotas traviesas en vuelos circulares recorriendo una y otra vez el mismo cielo. En medio de aquella paz, alguien gritaba llamándolo:

    -¿Gabiiiiiii?.... ¿Gabiiiiii?... ¿Ehhhh tío sé que estás ahí? - rugió como un león desde la acera, su amigo Telmo, esperando inquieto una respuesta que tardaba en llegar.


A unos cuantos metros más arriba, exactamente en el tercer piso, estaba tumbado en la hamaca de la terraza otro vecino, que no pudo impedir que aquel griterío perforase sus tímpanos y acabó desperezándose completamente, hasta que decidió asomarse a la barandilla de la terraza increpando violentamente a aquel extraño joven que le acababa de robar parte de su habitual siesta de domingo.

    -¡Ehhh, usted, deje de joder a los demás con sus voces!.. ¡No se da cuenta que está molestando a los vecinos, no son horas para ponerse a gritar como un verraco, es la hora de la siesta, por si no se ha enterado, majadero! 


    -¡Y qué!... ¡Oiga no me insulte que yo no le he faltado el respeto!


    -Claro, pero me ha jorobado la siesta y ahora ya me será imposible volver a dormirme. ¿Es que no tiene móvil, para llamar a esa persona y dejarnos a todos en paz?... ¡Qué poca educación tiene o qué ganas de cagarla!... 


    -Lo siento, si le he molestado, pero es muy urgente que le vea ... Hace dos semanas que perdí un brazo en un accidente y todavía no me he acostumbrado a usar la otra mano, de modo que no puedo llamarle al móvil.


En aquel instante, cuando entendió que aquel joven al que había increpado y hasta insultado, no estaba en condiciones para exigirle aquello que para él no suponía ningún esfuerzo, notó como una corriente eléctrica atravesaba su cuerpo desde los pies a la cabeza y no podía articular palabra.

El joven, lo miraba expectante, silencioso y hasta con cierta conmiseración, pensando - ¡comprendo que no me conteste, tampoco tiene la obligación de conocer mi estado físico y ahora debe estar sintiéndose un miserable! 
Bueno será mejor que me vaya -pensó resignado, Gabi no me contesta y este vecino tampoco quiere avisarle o abrirme la puerta del edificio para entrar. No me queda más remedio que abandonar a mi perro para siempre, que se ha quedado atrapado en el profundo socavón de aquella obra abandonada...

Cuando ya estaba completamente convencido de la imposibilidad de ayudar a su querido compañero y amigo perruno, cuando ya había terminado aceptando las angustiosas circunstancias que rodeaban aquel instante tan crítico y terrible... Cuando dedicido emprendió su camino de vuelta sin reaccionar negativamente, como en otras etapas de su vida cuando solía pegar puñetazos en la pared o descargar sus frustraciones con el primero que se le cruzaba, incluso hasta de forma agresiva y cobarde, como aquel desgraciado día cuando perdió su brazo por un despechado gesto de insolencia, cuando le gritó a otro compañero de clase:

    -¡Oye, escupemierdas! tú y yo tenemos algo pendiente, ya sabes, no te voy a consentir que salgas con mi ex novia, ella no se merece que un desgraciado como tú la manosee... ¡nenaza escupemierdas!... ¡te voy a romper la cara de un puñetazo!.  


Unos minutos después, tenía a media clase encima golpeándole hasta caerlo al suelo y allí acabar con el brazo destrozado.
Acabó recordando aquella terrible anécdota, convenciéndose de que no podía evitar la pérdida de su adorable mascota y que de nada servía desafiar con rebeldía aquel contratiempo, como venía siendo su costumbre hasta ahora, de modo que al final optó por alejarse de allí con total serenidad. 
Ya había dado algunos pasos girándose dispuesto a caminar en dirección contraria, cuando de pronto escuchó la voz del vecino a sus espaldas:

    -¡Espereeee... no se vayaaaa! ¡Soy el vecino de arriba, discúlpemeeee!



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