¡B I E N V E N I D O S!. . . . . M U C H A S__G R A C I A S__P O R__E N R I Q U E C E R__M I S__T E X T O S__C O N__V U E S T R O S__C O M E N T A R I O S.
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diciembre 10, 2017

Pura coincidencia (segunda parte)

diciembre 10, 2017 39 Comments
De acuerdo al interés mostrado a través de vuestros comentarios de la semana pasada para continuar el relato, que en un principio solamente lo escribí como una única parte, pues bien, ahora os presento su continuación y doy por finalizado dicho texto. Quizás cuando acaben las próximas vacaciones navideñas, os comparta otro relato distinto por capítulos, no muchos, ya que personalmente no me apetece terminar habituándome a este género, dado que prefiero abordar las distintas categorías de obras literarias, a través de este medio.


Deambulando entre el dormitorio y el salón a altas horas de la madrugada, Vera trataba de poner en orden sus pensamientos, debido a aquel estado mental de turbación que la mantenía sin poder conciliar el sueño. Había sido un día demasiado raro, pero también muy apasionante. Nunca se había planteado la posible coincidencia con Niko, a quien había desterrado de su memoria, sin embargo el azar o la "causalidad" se lo había puesto delante de sus ojos esa misma mañana, lo que la mantenía en vilo haciéndose mil preguntas, porque según sus convicciones: "Todo pasa por algo en la vida, de modo que es mejor no empeorar las cosas rebelándonos ante ellas, hay que permitir que fluya esa energía y aprender que todas las piezas al final acaban encajando".
Asimismo volvió a leer los mensajes de Hugo, desde el despacho de su padre, comentándole las incidencias del día y lo que la había echado de menos durante la mañana, aunque comprendía que los preparativos de la boda eran del todo imprescindibles y no se mostraba celoso por ello. Sin embargo, ella empezaba a notar la molesta presencia de un nudo en la garganta, al darse cuenta de que ahora más que nunca, su decisión de formalizar la relación con Hugo no era lo que más deseaba, sino todo lo contrario y esto la quitaba el sueño.
Su percepción sobre su futuro esposo, empezaba a experimentar un profundo cambio. Le molestaba su carácter condescendiente y bonachón, pues le resultaba demasiado aburrido y ahora que había estado tan cerca de Niko, se preguntaba: "¿Por qué has tenido que aparecer de nuevo en mi vida?"

La madrugada se fue prolongando hasta el límite de quedarse rendida en el sofá, donde la encontró Hugo, completamente perturbado pues pensaba que durante la noche le habría ocurrido algo importante para que se dejara caer  allí dormida y no haber madrugado como de costumbre para acudir al despacho de su padre, donde ejercía de pasante. 


El joven la despertó excesivamente preocupado, interesándose por su salud y por entender los motivos que la habían impedido levantarse a su hora, aunque su atento interés cayó en saco roto, puesto que Vera desvió sus preguntas con habilidad y a fuerza de mencionar otros temas, logró que Hugo acabase por tirar la toalla. Bueno, para ser más exactos, ella se encargó de desvestirle y llevárselo a la ducha de un salto, como aquel que dice. 

—Tienes demasiados pájaros en la cabeza, Hugo, no sé de dónde sacas que estoy rara o que no te estoy contando la verdad. Anda nene, apriétame fuerte contra tus muslos mientras el agua eriza mis pezones y me cubres de paraísos ardientes jugando con tu miembro... ¡Olvidémonos de todo lo demás! —sin embargo lo que ella callaba era que "se lo estaba montando con Niko" en su prolífica imaginación, lo cual acentuaba aún más el grado de excitación que la embargaba en esos momentos.

Después de tomarse el resto del día libre, ya que para eso era la hija del jefe del despacho y él, su futuro yerno, disfrutaron de una alegre jornada, circulando a toda velocidad por la autopista en el Porsche descapotable plateado de Vera y visitando a otros amigos de la gran ciudad, que daban una fiesta en el ático de un rascacielos, donde el alcohol, las drogas y la música inundaba por completo toda aquella amplísima estancia al aire libre. Regresaron muy tarde y Vera ya parecía que se había quitado de la cabeza a Niko.

                                                  oo-oo-oo-oo-oo-oo-oo-oo-oo-oo-oo                                                                                                                                          
La vida del matrimonio durante ese par de días transcurridos después del "incidente" y que les había creado una fisura demasiado notable en su relación, había vuelto a retomar el pulso cotidiano de la imperturbable rutina. Aunque Niko seguía preocupado por la gran fascinación que le producía el recuerdo de aquel encuentro con Vera, porque por más que lo intentaba ¡era incapaz de quitársela de la cabeza!


Marga, que era muy intuitiva y sagaz, sabía que desde aquella fatídica mañana, su marido no era el mismo, lo veía abstraído incluso cuando se acostaban e intentaban echar un polvo, porque de hacer el amor nada de nada. Ella lo soportaba todo con tal de no perderlo, además tenían un hijo en común y aquello la paralizaba por completo a la hora de ponerle sobre la mesa lo que bullía en sus adentros. Además también se había decidido a contratar los servicios de un detective, para amenazarle de muerte si los pillaban juntos otra vez.
Marga era una mujer con un genio endiablado, incapaz de aceptar la más mínima infidelidad, pero también era una mujer independiente que pasaba muchas horas en su puesto de supervisora comercial de una importante corporación multinacional, de modo que estaba ausente de casa todas las mañanas hasta primeras horas de la tarde o en ocasiones especiales pasaba temporadas viajando, lo que le permitía a Niko crear un posible plan junto a Vera y lejos de la continua vigilancia del detective.

Debía ponerse en contacto con Vera, antes de que llevara a efecto su matrimonio. Lo único que le preocupaba era decirle que estaba desocupado, que no tenía trabajo, ni medio de vida, porque Marga ya se había encargado de que le despidieran de varios puestos de trabajo, gracias naturalmente a sus influyentes relaciones públicas y a toda la parafernalia con la que se rodeaba para deslumbrar a quienes tuviera que pedirles algún favor... ¡Y vaya, que si lo lograba, menuda loba estaba hecha! De ahí su escalada vertiginosa hacia la cumbre del poder que manejaba como pez en el agua, además de poseer un olfato especial para los negocios, lo que fortalecía su amor propio y la facilidad para manipular a los potenciales clientes o socios.


A la semana siguiente, Marga, le comunicó que tendría que viajar unos días, por lo que estaría lejos, aunque seguiría llamándole como de costumbre al móvil, especialmente por las noches antes de irse a dormir. Él le comentó que no se preocupara por nada, que todo seguiría igual hasta que ella volviese, que no se agobiara porque la seguía queriendo y no cometería ninguna locura. Marga le recordó su compromiso como padre y esposo, lo mismo que también estaba vigilado las 24 horas en caso de salir a la calle. 

                                                  oo-oo-oo-oo-oo-oo-oo-oo-oo-oo-oo    

Ya había transcurrido una semana y dos días desde aquel "incidente" en la cafetería y Vera seguía inmersa en la organización de cada detalle previo a su futuro compromiso con Hugo. La imagen de Niko se había difuminado casi al completo, puesto que su chico no cesaba de procurarle toda clase de atenciones, regalos, mimos y muchas horas de sexo también, algo de lo que él estaba completamente sorprendido, sobre todo, al acentuarse últimamente sus peticiones de hacerlo tan seguido y con tanta pasión. No se le había pasado por la imaginación, que todo aquel extraño comportamiento escondía otras intenciones, que ella no era capaz de explicarle.


A media mañana una llamada telefónica se desvió desde el despacho de Hugo hasta el de Vera, alguien al otro lado solicitaba hablar con ella y Hugo no le dió ninguna importancia, pasándole esa llamada a su futura esposa, esta que reconoció al instante el tono grave y algo tembloroso de Niko, intentó disimular su conmoción, preguntándole cuál era el motivo de llamarla y cómo la había vuelto a localizar. Se intercambiaron algunas indicaciones y luego cortaron la comunicación, ya que ambos tenían muy claro su próxima cita, lo mismo que su plan en común tras la llamada.


Vera fue al despacho de Hugo para comentarle que tenía que ausentarse para hacerse otra prueba en la modista. También se despidió de su padre y se marchó directamente en un taxi, camino del aeropuerto. No llevaba equipaje alguno, únicamente su documentación, tarjetas de crédito y la llave de un apartamento perdido en una playa tropical, del que ninguno de su entorno tenía conocimiento, porque también ella guardaba celosamente su intimidad para cuando surgían ocasiones especiales como aquella con Niko.

Niko, por su parte se había comprado un disfraz de sacerdote que le quedaba bastante bien de talla y daba el pego. También se había rasurado la cabeza completamente, lo mismo que la barba y el bigote. No se olvidó de pedirle, el día antes, a una vecina que le hiciera el favor de recoger a su hijo del colegio al día siguiente y que luego ya iría a buscarlo cuando terminase unas gestiones que tenía que hacer precisamente ese día.
Miró varias veces por la cristalera del salón, hasta que el detective se alejó para comprarse un bocadillo en un bar que estaba al otro lado de la glorieta. En ese momento se dispuso a salir con su disfraz, dos maletas repletas de ropa y el dinero en efectivo que encontró en la caja fuerte, que había tras un cuadro en el salón, guardándolo en su billetera. También llevaba encima dos pasajes de avión para un destino en un paraíso tropical y unas grandes gafas negras con las que finalmente llegó hasta la parada de taxis que estaba muy próxima a su domicilio.


Ya en el aeropuerto se dirigió a los lavabos de caballero para desvestirse por completo y ponerse su traje. Miró el reloj con impaciencia y al llegar a la cafetería donde habían quedado, allí estaba ella en la barra esperándolo.

Estrella Amaranto © Todos los derechos reservados

diciembre 03, 2017

Pura coincidencia (primera parte)

diciembre 03, 2017 46 Comments
El aire bailaba condensandose en las miradas de humo que se deslizaban, a medida que se iba adentrando entre aquella contínua corriente de transeúntes, como macizas columnas humanas que se desplazaban a un lado y otro de las avenidas,  formando una curiosa amalgama de pisadas, que resonaban tenuemente amortiguadas por el aullido contínuo de los motores, por los frenazos, por la constante fricción de los neumáticos sobre el asfalto, por los gritos de los niños en los patios de los colegios, por la sirena de algunos coches de policía o de ambulancias... En pleno bullicio urbano, Vera caminaba resuelta a realizar las compras que tenía previstas antes de la ceremonia. Los escaparates lucían sus novedades de temporada con sus decoraciones sumamente heterogéneas, maniquíes sin rostro, pantallas con imágenes intermitentes, frascos de perfumes, relojes suizos, deliciosos dulces, material escolar, cientos de trajes y vestidos, zapatos, ropa de hogar, libros, objetos decorativos y entre tantas cristaleras, diferentes establecimientos públicos, como cafeterías, restaurantes, alguna sala de juegos, tascas y bares... Las puertas giraban, se deslizaban a un lado u otro, nada más que alguien se aproximaba y otras se abrían y cerraban al hacer presión sobre ellas, como cuando todavía no existían las automáticas.

Después de visitar varios locales comerciales, se desplazaba por las losetas del pavimento de la acera al compás del repiquetear de los tacones y el elegante bamboleo de sus caderas, con un espléndido abrigo de algodón floreado. Su figura alta y esbelta acentuaba aún más su natural sex appeal, cubriéndose la cabeza con un sombrero negro de ala corta, que hacía juego con sus guantes de piel. Llevaba un montón de bolsas de papel, repartidas en ambas manos, lo que le dificultaba el paso, esquivando aquellas figuras que pasaban fugazmente a su alrededor. Decidió tomarse un descanso, antes de pasar por la modista para hacerse otra prueba del vestido, "¡Ojalá sea la última!", pensó harta de tantas idas y venidas a lo largo de más de siete meses.


Se fijó en una cafetería acristalada que hacía esquina a dos calles laterales y una amplia avenida en el centro, además se podía disfrutar de una magnífica visibilidad desde su interior, contemplando aquella parte tan turística de la ciudad y el bullicio de sus gentes. La decoración recordaba a un salón imperial del siglo XIX con motivos clásicos como esfinges, ninfas, águilas...Espejos, lámparas, muebles de nogal y caoba estilo rococó. Columnas adornadas con bronces y rematadas por motivos frutales como piñas y limones. También se hallaban encendidas algunas chimeneas de mármol adornadas con floreros, velas, relojes y trofeos. Sobre las paredes empapeladas en un tono verde azulado, se exhibía una variada colección de cuadros, con alegorías mitológicas y algunas escenas guerreras. Le pareció viajar en el tiempo hasta aquella época napoleónica, anticipo de la evolución de la Europa contemporánea con grandes descubrimientos tecnológicos.

Buscó una mesa próxima a uno de los múltiples ventanales que rodeaban toda la fachada de la planta baja, donde se hallaba dicho establecimiento e hizo un gesto para llamar la atención del camarero, que en aquel instante pasaba muy cerca para servir a otros clientes. Al poco se aproximó a ella para preguntarle qué deseaba y Vera le respondió: "Un capuchino,  por favor".


Más tarde, notó un pequeño y suave toquecito en la espalda, que la sacó de su ensimismamiento y la hizo girar la cabeza hacia un lado, volteando lévemente su cintura. Su rostro de extrañeza en un primer minuto, dió paso a una gran sonrisa, pues no podía imaginar siquiera, que podía volver a encontrarse con Niko, después de haberle perdido la pista durante tantos años. Él, su amigo íntimo del instituto, vecino también del mismo edificio donde residía por aquella época junto a sus padres y hermanos. ¡Qué ilusión le hacía tener de nuevo la oportunidad de contemplar de cerca aquella mirada inolvidable! 
Aquel imprevisto le provocó un gran hormigueo en la espalda, que le producía cierta conmoción gratificante, así como la subida de temperatura corporal y un estado de atontamiento mental, al que intentó sobreponerse, ya que no deseaba que se notase demasiado aquella fuerte impresión que le había causado su presencia. Se quitó el abrigo, el sombrero y los guantes, dejando su larga melena al aire, exhibiendo un jersey blanco liso que llevaba debajo, junto con una minifalda azul marino.

Niko había sido su primer amor con experiencia íntima, de manera que al perderle de vista pensó que también había dejado de desearle o quizás ese fue su último deseo después de romper con él y lanzarse al vació pasando por múltiples ligues, como moneda de cambio u objeto fácil de obtener.  Sus años de juventud fueron una auténtica locura, borracheras, viajes, habitaciones de hotel o apartamentos en la playa, todo un bagaje amoroso que la desembocó a algún intento de suicidio. Después en la universidad, recuperó la ilusión, lo que la motivó a dar un cambio radical a sus objetivos, quería ser una mujer independiente y vivir para defender los derechos de los más desfavorecidos, aunque sabía que en el fondo siempre había sido una idealista y no estaba muy segura de si aquel corrupto sistema, la permitiría o no, ejercer libremente su futura abogacía.

Él se había sentado a su lado y no paraba de hacerle sonreir con sus ocurrencias. Se le notaba pletórico de alegría y aturdido cada vez que se cruzaban sus miradas. Vera notaba como su piel estaba completamente sensibilizada por la proximidad de su cuerpo que le producía un deseo ardiente difícil de soportar.  Comenzaron a repasar por encima el trayecto que habían tomado sus vidas, hasta que de forma espontánea se rozaron las manos y ella comenzó a temblar, lo que a él le animó a aproximarse, casi en contacto con su rostro, hasta que sin darse cuenta se dieron un beso en los labios.


Fue ese gesto el que vió tras el cristal, Marga, la esposa de Niko, que hacía algunos minutos contemplaba absorta la escena desde la calle y ahora se disponía a entrar para preguntarles qué clase de confianza tenían o qué la estaban ocultando.

Tranquila mujer, sosiégate, es una antigua amiga del instituto, además hacía muchos años que no nos veíamos y ha sido la emoción del encuentro.  Ahora tengamos la fiesta en paz, siéntate y no pienses tonterías. ¿Acaso, te he fallado alguna vez en estos seis años de matrimonio?... ¡Venga, no me mires así, que parece que nunca nos hubiésemos visto! ¡Y deja de montar una escenita de celos! Voy a pedirte una tila para que te serenes un poco.

Mientras Niko se ausentó buscando al camarero y refrescarse en el baño de caballeros, ellas iniciaron una "guerra" de reproches,  que si yo no me creo nada de lo que ha dicho mi marido, que mira mis bolsas repletas de complementos para mi próxima boda, que si tú eres una abusadora aprovechándote de mi marido, que déjame decirte lo equivocada que estás, que no te voy a permitir que "me lo robes",  que me voy a ir y así te quedas con él para ti solita...

¡Bruja, lagarta...! ¡Lárgate si eres tan valiente y que no te vuelva a encontrar nunca con él!  —le reprochaba,  Marga,  con descaro.
Pues si, me voy ahora mismo. ¡No te soporto! —exclamó levantando la voz,  mientras bajaba sus cejas, hinchando la nariz con un gesto iracundo.

Presa de la ansiedad, Vera cogió algunas bolsas mientras otras se le caían por el camino, abandonando bruscamente el local. Marga la miraba con desprecio y se juraba a si misma que aquella escena no volvería nunca a repetirse,  no podía soportar la idea de que aquellos dos volvieran a tener algún encuentro,  si ella aún permanecía con vida.

¿Qué ha ocurrido, dónde está Vera? ¿Acaso la has hecho perder la paciencia? le interrogaba Niko,  mientras fruncía el ceño en un tono de reproche.

¡Qué estúpida!, se largó porque no podía soportar que la descubriera.  Seguro que tiene la vida resuelta y no le importa perder sus bolsas. ¡Míralas, están tiradas por el suelo! ¿No estarás tú manteniendo a esa fulana? ¡Te juro que si os vuelvo a encontrar juntos,  os mato a los dos!


¡Por favor, serénate y no me hagas perder los nervios o pido el divorcio! Parece mentira, nunca te he dado motivos de infidelidad y hoy porque me encuentro con esta antigua amiga, me empiezas a tratar como un completo extraño.  Llevo mucho tiempo preguntándome qué estoy haciendo al lado de alguien tan celosa y posesiva como tú.  Mira, déjame salir a darle estas bolsas, porque como empieces otra vez con tus reproches, te vas a arrepentir. ¿Me has oído?... Venga, tómate mientras la tila que ahora vuelvo.

Saliendo a toda prisa de la cafetería con las bolsas,  Niko escudriñaba cada ángulo de la avenida y cada extremo de las calles colindantes, pero no la encontraba. Tenía muy claro que aún no se había despedido de ella y cuando ya estaba a punto de regresar con su mujer, decidió que solamente le faltaba mirar en el interior de las bolsas.  La suerte parecía estar de su lado al descubrir una tarjeta, donde había una dirección con un teléfono,  se trataba del despacho de abogados en el cual trabajaba el padre de Vera.

Estrella Amaranto © Todos los derechos reservados

octubre 20, 2017

Solo me importas tú

octubre 20, 2017 98 Comments

El estallido de los cerezos en flor indicaba el preámbulo de la primavera, así como aquel espectacular colorido perfumado de esencias, trenzaba una inmensa alfombra floral, que alegraba los corazones de aquel país insular del este asiático, popularmente conocido como "La tierra del sol naciente".

Me había desplazado desde Okayama hasta Kioto, en una incansable búsqueda, que gracias a aquel año sabático, me permitía viajar por todo el territorio. 
Después de comer, había quedado en una exclusiva y popular casa de té, en el corazón de Gion, punto neurálgico de uno de los barrios de geishas más populares de la ciudad, situado en la calle Hanamikoji (Hanamikoji-dori en japonés). Era un sitio que solo trabajaba con reservas y donde se restringía la entrada para aquellos clientes que tuvieran una larga tradición familiar, como ocurría con la antigua conocida con la que me iba a entrevistar y que me hizo señas nada más pasar al jardín, que daba acceso al interior. Sin muchos rodeos, le propuse que me explicara detenidamente la historia de su allegado, cuyo apellido Nakayama era demasiado importante en mis averiguaciones.

Barrio de Gion (Kioto)
Sorprendida por mi insistencia, trató por todos los medios de enterarse de cual era el motivo real que subyacía bajo aquel enredo, algo que evité, pues podía poner en peligro mis investigaciones. De manera que opté por contarle una falsa historia, que pudiera calmar su curiosidad, pero que al mismo tiempo me ofreciera la posibilidad de recabar los datos que necesitaba. Naturalmente no llegó a enterarse de mis artimañas y logré mi propósito.

A la mañana siguiente me dirigí en mi automóvil a Magome, un pueblecito cerca de Nagoya, donde me esperaba un investigador privado, con el que me había puesto en contacto telefónico, nada más regresar a mi apartamento el día anterior, para comunicarle mis pesquisas. Debía encontrarla, era lo único importante para mi, aunque estaba seguro de que la búsqueda no me resultaría fácil.
Fui directamente hasta el mirador, recorriendo a pie sus calles empedradas y empinadas escaleras, en medio de un precioso paisaje montañoso, rodeado de una vegetación exuberante, ese era el sitio acordado por Naoko, quien me puso al corriente de las últimas noticias.

—Acabo de visitar a esa familia Nakayama, guarde la dirección. Se trata de una humilde vivienda de madera donde debe preguntar por Shinju, ella conoce la historia y por una buena recompensa está dispuesta a ayudarle.

—¿Cómo es ella físicamente?... ¿Tiene una foto o algo que la identifique?... No quisiera sufrir otro nuevo desengaño, ya sabe.

—Tenga, coja este collar con el guardapelo. ¡Ábralo y verá la foto que me pide! También contiene un rizo perfumado de su cabello.

—Si todo va bien nos despedimos aquí, de lo contrario llámeme a mi despacho.

Magome (pueblo congelado en el tiempo)
Volví a descender aquellos peldaños y me encaminé hasta aquella dirección, preguntando a la gente con la que me iba encontrando por el camino. Hasta que descubrí la casa. Sus ocupantes ya estaban al tanto de mi visita y al tocar la puerta, Shinju me invitó a pasar.

—Siéntese cerca de la estufa o se va a quedar helado de frío —me dijo acercándome una silla algo desvencijada por el uso, en un tono muy afable.

—Estoy dispuesto a pagarle lo que haga falta, pero por favor no me mienta o de lo contrario le demandaré civil y penalmente. ¿De acuerdo?

—No se preocupe, no le voy a engañar, ella está retenida contra su voluntad en una "Casa de Masajes" de Nagoya. 

—¿Cómo ha podido llegar hasta allí si residía con ustedes según mis informes?... ¡Les voy a enviar a la cárcel por cómplices de un secuestro!

—No, nosotros no tenemos nada que ver. Ella se fue libremente a Nagoya con su novio, querían prosperar y tener una vida más confortable. Un vecino nos contó que la había visto en ese local y que no tenía muy buen aspecto, quizás estaba embarazada, nos aclaró después de aconsejarle que nos debía decir la verdad. Luego fuimos a la policía para tratar de encontrarla, pero todo resultó en vano.

—En vista de que no está aquí con ustedes, solo les compensaré económicamente si me facilitan la dirección de esa "Casa de Masajes".

El hombre que hasta ese momento había permanecido callado, se levantó de la silla y anotó la dirección en la cara opuesta de un paquete vacío de cigarrillos, que estiró por la mitad, después me lo entregó esperando la gratificación pactada, que le di al instante.

Dejando atrás aquel antiguo pueblo recorrí los 90 kilómetros de vuelta en automóvil y perdido en aquella inmensa urbe de Nagoya, fui a parar al puerto, donde debía encontrar por fin su paradero.

Nagoya (cuarta ciudad más grande de Japón)

El local estaba muy iluminado y lleno de letreros, donde aparecían en una larga lista todos los distintos servicios, que podían adquirir los clientes que lo visitaran. La música era atronadora y las chicas se movían como robots, siguiendo aquella música pegadiza, una de ellas me preguntó qué tipo de servicio quería, le respondí que ninguno, que solamente quería hablar con la persona de la foto, que aparecía en un álbum que me había mostrado y que también estaba en mi teléfono, como pudo comprobarlo.

—Espere un momento por favor. ¡Voy a avisarla!

No tardé demasiado en verla asomar por un pasillo lateral, corriendo hacia mi encuentro y abalanzándose para darme un fuerte abrazo. Reconozco que aún no podía creer que aquello me estaba pasando, pero así era. Después de permanecer profundamente unidos y con las lágrimas cubriéndonos los ojos, en una especie de eternidad donde la felicidad colmaba nuestros corazones, la miré emocionado a los ojos y ella me dijo:

—Papá... ¿Cómo me has encontrado?... ¡Perdóname!... Ya hablaremos más despacio de todo lo que me ha pasado en este tiempo.

—Tranquila, hija mía, solo me importas tú  ¡Por fin volvemos a estar juntos! Ahora entrégale a tu jefe este dinero, como rescate. ¡Regresamos a casa!

—Espera un momento, papá, quiero darte una sorpresa.

Ella desapareció de nuevo por aquel estrecho pasillo lateral y al cabo de un buen rato, apareció con un niño en brazos y un bolso en el hombro.

—¡Míralo! ¡Es igualito a ti! ... ¡Papá, es mi hijo y tú eres su abuelo! ...

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enero 09, 2017

Fuego para abatir la nostalgia...

enero 09, 2017 46 Comments

Tengo el gusto de presentaros a continuación el microrrelato premiado en el 


Miró distraídamente por la ventana. El paisaje urbano ya empezaba a vestirse de Navidad. Se repetía a si misma que esta sería otra nochebuena como las celebradas después del fallecimiento de sus padres, con la soledad al hombro y la indiferencia en la mirada.
Año tras año las calles repletas de esperanzas servidas en escaparates, cantos de gorriones infantiles y familias al borde de un ataque de nervios caminando en las aceras o sobrepasando los límites de una alegría alquilada para esas fechas.

¿Cuántos años permanecía viviendo en esa ciudad?, más de cincuenta y más de media vida pensó. Según decían "nadie muere del todo mientras perduren sus recuerdos" y así le ocurría a los suyos, guardados no solo en la memoria, sino también en una vieja caja con adornos de taracea, que había recuperado de la casa de sus padres, donde precisamente estaba una fotografía amarillenta con una escena familiar, propia de esas mismas fechas. La miró emocionada mientras se calentaba frente a la chimenea del salón, decidida a poner fin a tantas lágrimas de nostalgia acumuladas en las agujas del tiempo.

Solo transcurrieron unos minutos hasta que los vecinos descubrieran la escena. Las llamas de la chimenea fueron avanzando hasta alcanzar el techo. Cuando los bomberos entraron al domicilio, solo encontraron los restos de un cuerpo calcinado y una fotografía que extrañamente se había salvado del fuego, donde una familia estaba reunida celebrando una fiesta de Navidad.

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marzo 06, 2016

Una jugada del destino

marzo 06, 2016 26 Comments

Cuando Akane se despertó aquella mañana calurosa, ignoraba que su vida como estudiante responsable e hija ejemplar había terminado. Desayunó y charló animadamente con su madre antes de salir a la calle. Luego tomó la dirección de la agencia de trabajo temporal donde había quedado con su amiga, pero ella nunca llegó y antes de entrar en la oficina, dos hombres, que le dijeron representar a la agencia de empleo, le pidieron que les acompañara a comprar ciertos útiles de trabajo para su nuevo puesto. 

Durante el trayecto le explicaron de qué se trataba aquel empleo:

-Debes recolectar fruta y traerla después hasta el puesto del mercado, que ya te indicaremos, para venderla.

Durante algo más de media hora recorrieron el centro de aquella localidad. Compraron gorras, sombreros y otros utensilios. Cuando ya eran las 12:00 del mediodía, se pararon en una cafetería para beber algo. Ella estaba sedienta y se apercibió que ya era mediodía y que no le daría tiempo para regresar a su casa a comer, asi que apartándose unos metros habló con su madre por el móvil y se lo comentó. Cuando volvió a la mesa, los hombres le habían pedido una cerveza muy fría y se la bebió mientras charlaba tranquilamente con ellos.
Minutos después cogieron un taxi, pero ella ya estaba bajo los efectos de un somnífero que le habían echado en la bebida mientras estuvo charlando por el móvil. Finalmente llegaron a una especie de sótano completamente a oscuras y ella naturalmente no tenía ni idea, que ahora estaba muy lejos de su casa y donde se hablaba otra lengua que no conocía. Se hallaba en una casa muy pequeña llena de gente mirándola. Le ofrecieron algo de comer y de beber. Aquellos dos hombres se volvieron a dirigir a ella:

-Vamos a comprar algunos equipos electrónicos para venderlos luego a mejor precio en nuestro negocio.

La llevaron a través de dos pasillos, deteniéndose solo para pagar. Sin darse cuenta, Akane había cruzado la frontera clandestinamente.

Era ya medianoche y el grupo se desplazó hasta un mercado en donde había otros hombres con los que ellos estuvieron hablando en un idioma extranjero. Ignoraba que estaban intentando venderla sin éxito, por lo que no hubo clientes para ella, tan sólo un taxi rumbo a otra provincia.

Había una calle muy larga y amplia, repleta de carteles luminosos que copaban las paredes, también había un hotel y dentro, una pareja, él parecía de aquel sitio y ella debía ser de alguna otra ciudad o incluso podría también ser de su misma localidad. Les estaban esperando en silencio. La conversación apenas duró algunos minutos, después aquella mujer de unos 30 años y que hablaba su mismo idioma le indicó que la siguiera hasta su casa. 
Akane se encontraba mareada y débil, por lo que la siguió sin oponer resistencia alguna. Media hora más tarde, otras tres jóvenes extranjeras también aparecieron en la vivienda. En ese momento la mujer le dijo:

-Desde ahora tendrás que servir sexualmente a los clientes para pagar la deuda que tienes conmigo.

Pasó un tiempo hasta que una noche, el marido tenía que hacer un viaje para realizar unas pruebas médicas a aquellas chicas, hasta una ciudad fronteriza con su país y en un peaje, al ver a la policía, Akane se puso a gritar desesperada pidiendo auxilio, había aprendido a hablar aquel idioma extraño, pero sus dueños no lo sabían y la policía enseguida detuvo el coche y en cuestión de horas las chicas del burdel fueron liberadas y devueltas a sus respectivas familias.

El golpe de la vida fue duro, sin duda para Akane, le habían robado dos años, su virginidad y su sonrisa. Ahora tenía que aprender a convivir con su pasado, a olvidar y empezar otra vida, pero estaba por fin junto a sus padres y en ese momento solo le embargaban las lágrimas de felicidad.

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febrero 16, 2016

El sobre cerrado

febrero 16, 2016 16 Comments
Estaba harta de él, de sus continuos viajes de negocios, de las horas perdidas intentando siempre rellenarlas de visitas a sus amigas, de tertulias en aquel salón de invierno de Madame Couvertine, de los paseos interminables por los parques y las avenidas al anochecer, cuando no sabía qué camino tomar en su vida. No había tenido hijos en su matrimonio con Maurice y llevaban juntos más de doce años, un tiempo suficiente como para ser consciente de su fracaso, de la profunda oquedad tan angustiosa que retorcía sus vísceras, estrangulándole las ganas de vivir.
La familia política era otro obstáculo más, que durante su noviazgo nunca la había aceptado como miembro, no la admitieron en su opulento reducto atrincherado, no era de su clase, tan solo era una vulgar mujerzuela de la calle de la que su único vástago tuvo el error de enamorarse, hecho que no le perdonaron y menos aún cuando ella perdió el bebé que ambos esperaban con ilusión, quedándose estéril después de una grave intervención quirúrgica, en aquel parto prematuro.
Tampoco contaba con el soporte de sus padres, que la había desterrado, como consecuencia de aquel aciago día en que descubrieron sus amoríos con Antoine, un joven jornalero que vivía en un humilde barracón con su madre viuda y el ganado. 

El rumbo que había tomado su vida anterior, la llevó por numerosos antros de prostitución y trata de blancas. Siempre ostentó una belleza natural, que la hacía irresistible a la mirada lasciva de los hombres, a quienes sabía complacer y nunca tuvo escrúpulos para perderse en sus extravíos amorosos. Era astuta como una zorra y ágil como una gacela, de manera que había sabido salir adelante entre tanta clientela, que solo la buscaba para disfrutar de su cuerpo, aunque en algunas ocasiones había estado a punto de morir degollada a manos de ciertos individuos sexualmente perturbados.

Hasta que un buen día, aquel joven desgarbado con elegante smoking, se quedó hechizado nada más cruzar su mirada con la de ella, anhelándola más que a nadie en el mundo y ella sin pestañear, le clavó sus profundos ojos negros, haciéndole sentir una fuerte descarga eléctrica por todo su cuerpo.
Cafetería Du Tertre, cuadro pintado por Ernest Descals
Tardaron muy poco en irse a vivir juntos tras su matrimonio y de esta manera es como llegó aquel día, cuando Antoine la acompañó hasta una cafetería próxima a la estación central de trenes de Lausanne:

-Es lo más duro y difícil que me ha tocado vivir, pero estoy decidido a hacerlo- le espetó a la cara su marido sin andarse con rodeos.

-¿Qué quieres decir con esto, Antoine?...¡No me digas que me has traído hasta aquí para armar una nueva escena de celos!

-No, en absoluto. Géraldine, te dejo libre, me largo, he decidido romper nuestra relación y esto es solo una despedida. Cuando me vaya abres el sobre que ahora deposito en esta mesa y no intentes saber más de mi.

Ella lo miró atónita incapaz de levantarse o de gesticular palabra, viéndolo desaparecer entre la gente, colocándose su sombrero y sin girarse, atravesar la puerta del local.

Permaneció meditativa unos momentos, tras aquel rápido adiós de su interlocutor, observando aquel sobre cerrado encima de la mesa de aquella cafetería, en una zona céntrica de la ciudad.

Consultó su reloj, aún era temprano. Sorbió un poco de aquel amargo café expreso que estaba demasiado caliente aún, deleitándose en esa sensación le gustaba e intentó calmar sus nervios con un cigarrillo, luego, decidida abrió aquel sobre, que decía así:

"No perdiste el bebé, aquello fue una sucia estrategia que me busqué para ser el centro de tu atención, para que nada ni nadie te apartara de mi. Logré convenir con tu ginecólogo y el personal que te atendió en el parto, una suma importante de dinero para que ellos se encargasen de todo y nunca lo supieras. Ya sé que no esperabas esto de mi, pero jamás supiste el amor que llegué a sentir por ti, capaz de hacer lo imposible para que me amases, capaz de convertirme en un ser perverso."

Angustia, manos, cuadro pintado por Marila Tarabay
Un llanto imparable turbó su mirada,  la gente que había allí la observaba descaradamente, entonces ella se levantó y gritó despavorida mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas:

-¡LADRÓN, ME HAS ROBADO MI VIDAAAA, MI AMORRRR, MI HIJOOOOOO!- con los brazos en alto en actitud impotente y moralmente destrozada.

Estrella Amaranto © Todos los derechos reservados

enero 02, 2016

El actor desnudo y la obra paralela

enero 02, 2016 0 Comments


Sentado delante de aquella mesa alargada repleta de cremas de maquillaje de múltiples tonalidades, de brochas también de varios tamaños y grosores, pintalabios a medio usar esparcidos arbitrariamente, frascos de mil tamaños, unos de perfume, otros de esmalte de uñas, otros de pastillas y otros que por algún incidente o eventualidad habían llegado hasta ese enser de madera que presidía aquel camerino destinado al actor o actriz principal de la obra que se estaba representando en esos momentos, en el Gran Teatro Universal de una pequeña ciudad provinciana, allí estaba un famosísimo actor del momento: Ramiro del Fresnedal, frente al espejo iluminado de lámparas fluorescentes que hacían destacar su rostro, como si emergiera de un sueño o como si algo desconocido hacía posible que se mostrara de otra forma mucho menos habitual a la imagen tan conocida de él y que en los escenarios de todo el país siempre había sido admirada por el gran público.

Tomó una peluca que estaba colocada sobre una cabeza de maniquí de fibra de vídrio, la estuvo peinando con sumo cuidado y finalmente se la colocó con mucha habilidad por encima de su cabeza. Continúo dándose los últimos retoques: unas discretas gotas de perfume detrás de las orejas y otras en las muñecas, vuelta de nuevo a revisar el nudo de la pajarita y colocarlo en la mitad delantera debajo del cuello de la camisa, elegir los gemelos a juego en color y forma al resto del vestuario: un impecable frac de piqué blanco, un sombrero de copa y un elegante bastón con una gran bola de plata en el extremo superior....

Aquella noche debía volver a representar aquel personaje mujeriego y seductor de primeros del siglo XIX, una figura del Romanticismo que impregnó aquellos tiempos, caracterizado por una gran exaltación egocéntrica, el predominio de la muerte o los temas lúgubres y la gran importancia del sentimiento, entre otros factores.

La sala de butacas y los palcos estaban a rebosar de público impaciente por admirar una vez más a un reconocido actor muy respetado también por la crítica, de manera que todo hacía presagiar que sería una nueva actuación extraordinariamente formidable, ya que además el resto de actores de la compañía formaban un gran elenco con muchos años de profesión.

De repente se apagaron las luces del recinto y sobre el escenario un potente e intenso cañón de luz enfocó aquel enorme telón rojo que paulatinamente empezaba a subir hasta que por fin todo el decorado quedó al descubierto.

Podía apreciarse una escenografía de arquitecturas penetrables y bastidores con bisagras, con variados elementos de la naturaleza, como bosques, lagos, animales... Y en una esquina una gran mansión con un banco cerca de la entrada rodeada de farolas de gas, allí también permanecía una bella muchacha con una sombrilla en la mano mirando lánguidamente al horizonte.

Nuestro personaje principal situado en el extremo opuesto fumaba distraídamente una pipa de brezo repleta de tabaco inglés...

    -Discúlpeme un instante Mister Smith, tan solo quería preguntarle si, como me han comentado, va a contraer próximamente matrimonio con Miss Thongdrom, pues si es así, quiero expresarle mi enhorabuena. Conozco perfectamente a su familia y me llena de orgullo que haya elegido a esta preciosa jovencita, a quien conozco desde su niñez y la tengo un gran cariño.


    -No, Mister Blacikan, no pienso ya casarme con esa estúpida jovencita, que pretenciosamente su familia ha intentado con la mayor de las hipocresías enredarme en un matrimonio destinado al fracaso.


    -¡No pretenderá que le crea!. Además léase mejor el guión, creo que le está fallando la memoria. - le respondió desconcertado su compañero de reparto, que no entendía como podía haberse olvidado de uno de los textos más conocidos del repertorio de la compañía. Incluso llegó a imaginarse si no estaría de nuevo improvisando como en numerosos espectáculos teatrales solía hacer cuando algo extraño pasaba por su cabeza o le perturbaba en aquellos momentos de su actuación.


    -¡Eh jovencita, levántese ya de ese banco mal colocado y horriblemente pintado de negro, para disimular la suciedad y el deterioro en el que el muchacho encargado de la decoración, lo viene manteniendo actuación tras actuación! Pero ¿hasta cuando va a seguir aguantando los descarados manoseos del director de nuestra compañía que atentan contra su integridad psíquica y moral?...¿No me diga que se está vendiendo como una vulgar prostituta de barrio de mala muerte? ... ¿O sí se está vendiendo?... Porque cada noche acaba más borracha que una cuba dejándose caer en los brazos de ese sinvergüenza que ni siquiera se ha leído un libro en su vida y pretende dirigir nada menos que esta gran obra maestra, de uno de los más reconocidos escritores de todos los tiempos. - declaró elevando la voz y en tono sarcástico, Ramiro de Fresnedal (despojado completamente de su papel artístico).


En el patio de butacas se podía escuchar un gran murmullo que daba a entender que aquel público comenzaba a dejarse llevar por su instinto de curiosidad y de forma entusiasta quería que todo aquel imprevisto "espectáculo" siguiera "interpretándose" como si de otra obra paralela se tratase.

Desde el foso del escenario, se podían escuchar toda una serie de advertencias para acabar ya de una vez con toda aquella serie de improperios que empezaban a incomodarle al director, ya al corriente de toda aquella esperpéntica escena, habiendo dado órdenes a un empleado para que llamase al orden desde el foso, a aquel actor díscolo que solía salirse siempre con la suya, debido a las amenazas de abandonar la compañía si no le dejaba actuar libremente.

    -¡Por favor, Sr. Ramiro, deje ya su delirante discurso, tenga en cuenta que no es el lugar idóneo para desahogarse!... ¡Intente tranquilizarse y siga con el texto de la obra, sin armar este escándalo!...No me gustaría tener que subirme al escenario y ordenarle que se retire delante del público que tanto le aprecia. - le ordenó en tono amenazante aquel discreto empleado oculto en aquel hueco donde antaño estaban las bandas de música.


     -No, ni usted ni ese sinvergüenza de director me van a impedir que hable lo que me de la gana delante de mi público. Le aconsejo que cierre la boca y me escuche usted también con atención. La empresa para la que trabajamos está arruinada y este patético director trata de seguir engordando su capital ocultándonos la verdad y retrasando indefinidamente nuestras nóminas - gritaba poseído de rabia incontenible que le asfixiaba ocasionalmente la garganta, paralizando el impulso de quien quería responderle.
En ese instante, introdujo ambas manos en sus bolsillos para extraer un montón de pasquines del sindicato de actores, donde aparecía un pequeño resumen de las numerosas deudas y turbios negocios en los que estaba metido aquel siniestro director, hasta que terminó por lanzarlos a los espectadores. Después se aproximó hasta el hueco del foso exclamando...

    -¡No soy más que otro desalmado, que cada noche debajo de un disfraz, represento a un hombre adinerado, seductor y muy atractivo para las mujeres especialmente, aunque también recibo miradas lascivas por parte de algunos hombres que sentados en las primeras filas acarician a sus mujeres o esposas y les susurran mientras tanto al oído que las desean y que no sabrían vivir sin ellas... Sólo soy un pobre loco solitario, un actor fracasado que ya está harto de representar a este odioso personaje con el cual ya no me une nada, ya no me inspira nada más que desprecio de mi mismo, por seguir incitándoles cada noche a admirar a un ser infame y despiadado. Tanta hipocresía me resulta insoportable y por eso me estoy desnudando ante ustedes por dentro y ahora por fuera también.


Dicho esto, empezó a quitarse la ropa que llevaba encima, mientras el público fascinado por aquella situación tan extrañamente insólita, ni siquiera pestañeaba ni se decidía a abandonar el teatro, sino que al contrario, empezó a aplaudir levantándose de los asientos, sacando sus teléfonos móviles para fotografiar o grabar la escena real que se estaba representando paralelamente a la que en un principio se debía interpretar y que ya nadie echaba de menos. 
El teatro entero clamaba ensordecidamente un nombre: ¡Ra...mi...ro!....¡Ra...mi...ro!...¡Ra...mi...ro!

No hace falta añadir, pero añadiré como narradora de esta historia, que este singular acontecimiento marcó todo un hito en aquella compañía de provincias, que a partir de este inusual suceso, comenzó a ser famosa en todo el país y mucho más lejos, cambiando la suerte completamente a su director, así como a todo el personal técnico y artístico. Aunque como todo en esta vida, a cambio de pagar un precio: Ramiro del Fresnedal por exigencias de un nuevo guión creado por él mismo, tenía que quedarse en cueros cada noche delante del público y explicar una a una sus miserias...

Código de registro: 1512095979721